
El PRI de Torreón presume continuidad mientras Morena omite y el PAN intenta revivir

En política, como en la vida, hay frases que lo explican todo: “si algo medio funciona, no lo muevas”. Y este sábado el PRI de Torreón lo aplicó al pie de la letra. Verónica Martínez fue ratificada como presidenta y Felipe González como secretario general. Cuatro mil priistas aplaudieron un guion escrito desde hace meses.
El método fue el de siempre: si había más de una planilla, había elección; si no, pase automático. Así, todos ganaron. Trámite, no competencia.
La asistencia también tuvo truco: Vero Martínez invitó personalmente a la prensa, aunque muchos reporteros no iban por el evento tricolor, sino por la rueda de prensa que convocó Rodrigo González, líder del Centro de Convenciones, junto a su equipo de comunicación, para invitar al evento del récord Guinness con la discada monumental. Más carnita que política.
Lideresas priistas siguen quejándose de sentirse olvidadas. Muchas no quieren a Verónica, por que metió mano en San Pedro, Matamoros y Francisco I. Madero. Para intentar llenar la velaria, se mandaron tres camiones por sector a recoger presidentas de seccionales —porque el CCT está en el fin del mundo—. Y como a Vero le encanta el ruido, pidió tambora para que se oyera hasta en Gómez Palacio.
En sus redes prefirió selfies con políticos antes que con las señoras que cargan el voto duro y hacen el menudo en cada elección. Bien dicen: “tu mano izquierda no debe saber lo que hace la derecha”. Aquí, las dos aparecieron.
Hasta el director de Movilidad, Luis Morales, armó un convoy de motociclistas para escoltar a los políticos de Saltillo y distraerlos de los baches hasta el recinto. Aplausos coreografiados para Román Alberto Cepeda y Manolo Jiménez, que no estuvo en persona pero sí mandó a su séquito de saltillenses. Aun así, fue la propia Verónica quien arrancó la porra a favor del priista número uno de la ciudad: el alcalde.
Dependencias municipales tuvieron que “trabajar” en sábado para cumplir la cuota de acarreados, pero apenas ocuparon un 33% de la velaria del Búnker de Coahuila en Torreón, con capacidad para 12 mil personas.
Faltaron los “rescatados”: Óscar Luján, Enrique Terrazas y Gustavo Muñoz. Tampoco apareció la “querida síndica” Natalia Fernández; ni Lety Castaño, que se supone sustituyó a Mario Cepeda papá en la dirigencia de la CTM municipal; ni Miguel Riquelme, un ausente simbólico.
El evento se pareció más a un consejo empresarial que a un acto partidista: dueños de centros comerciales, constructores, líderes de cámaras y medios de comunicación, todos vestidos de colores claros para la foto, aplaudiendo quedito. Solo un novato funcionario municipal rompió el código de vestimenta al presentarse con gorra del Ayuntamiento en pleno acto partidista. No es campaña todavía, pero ya juega al “confunde y vencerás”. Podría ameritar hasta una multa interna.
El sábado no fue renovación, sino continuidad con tambora. El PRI en Coahuila mantiene la maquinaria aceitada rumbo a las elecciones huérfanas de 2026, donde no habrá boletas federales que empujen. En diciembre, en Torreón, deberán elegir a dos hombres y dos mujeres para pelear las diputaciones locales. La fila, dicen, será más larga que la de las becas del Bienestar.
Mientras tanto, Morena sigue viviendo de la ilegalidad: desde 2015 no renueva comités municipales ni asambleas. Se salva de sanciones porque la oposición duerme la siesta.
Y en la otra esquina, el PAN lagunero intenta revivir con una interna el 5 de octubre. Sergio Lara Galván, el eterno funcionario reciclado, contra Néstor Villarreal, que busca espacio en un padrón de apenas mil militantes. Ring vacío, pero con luces encendidas.
PRI acarrea con tambora, Morena centraliza con ilegalidad y el PAN organiza peleas en cámara lenta. La política lagunera parece feria sin juegos: hay luces, hay ruido, pero los boletos están caros y la función sigue vacía.
El Bastón del Mando lo resume: de los males, aquí siempre toca el menos peor.
