Entre intereses y patrullas, Villa Florida se convierte en la nueva zona de tensión

En Torreón, el conflicto por las obras en Villa Florida sigue escalando… y no precisamente por el calor lagunero.
El todavía director de Obras Públicas, Juan Adolfo von Bertrab, volvió a encender la mecha con declaraciones que más parecen combustible que conciliación: anunció que “prevé” usar fuerza pública para reanudar los trabajos viales detenidos por el plantón de vecinos que exigen transparencia y respeto a su vivienda.

No es la primera vez que el funcionario cae en provocaciones.
En agosto ya había perdido los estribos en una mesa de diálogo con los inconformes, y ahora, con sus nuevas palabras, abre un flanco político que el Congreso estatal ya detectó —y que otros aprovecharon, como el diputado morenista Antonio Attolini Murra, coordinador de la Comisión de Derechos Humanos y en plena etapa de promoción política, reaccionó de inmediato con una frase que resonó en redes:

“La policía no puede ser utilizada como instrumento de intimidación.”

Y tiene razón. Porque cuando el poder usa el uniforme como herramienta de presión, no solo reprime: también erosiona su legitimidad.
Lo que ocurre en Torreón recuerda —en menor escala— la tensión que se vive en Michoacán, donde la protesta por el asesinato del alcalde Carlos Manzo ha sido contenida con fuerza pública estatal morenista en lugar de empatía; un detalle que el propio diputado omite al indignarse selectivamente. El patrón se repite: cuando la política pierde la cabeza, la calle paga las consecuencias.

Tras el peritaje técnico, los vecinos de la calle González Treviño esperan que sus viviendas sean revalorizadas entre un 25 y 30%, como marca el dictamen para la mayoría de las casas de la colonia, salvo las 23 que se ubican frente a la obra vial.
También exigen que el Municipio pague en efectivo el equivalente a esa revalorización.

Sin embargo, el Ayuntamiento aclaró que no habrá pagos directos, sino apoyo en materiales y mejoras estructurales para las viviendas que así lo requieran.

“Ellos quieren ver dinero en sus bolsillos porque así el liderazgo de Abundio se los hizo notar… yo fui muy claro en que a mí no me van a extorsionar, y al Municipio tampoco.”

Von Bertrab fue tajante:

Con esa frase, el director puso nombre y apellido al fondo político del conflicto.

El factor Abundio

Abundio Ramírez Vázquez no es un vecino más. Es un viejo operador político en Coahuila, líder del Partido de Renovación Coahuilense (PRC), con un historial de alianzas con el PRI, vínculos con figuras locales y —según fuentes municipales— una estrategia de presión para obtener beneficios económicos y nóminas en el Ayuntamiento.

De acuerdo con información consignada en esta misma columna el 9 de agosto, Ramírez ya había sido señalado por intentar colocar aviadores en la administración municipal y por tener denuncias ante la Fiscalía.
Ahora reaparece en Villa Florida como el supuesto “líder social” del movimiento vecinal, dirigiendo un reclamo legítimo con un tono que se vuelve cada vez más político y menos ciudadano.

Versiones internas apuntan a que Abundio estaría buscando negociar dinero o contratos bajo el argumento del descontento vecinal.
Y lo más peligroso no es solo la manipulación del enojo, sino la tensión que puede derivar de un conflicto mal manejado entre autoridad y vecinos, especialmente si se recurre a la fuerza pública.


Torreón ya conoce los costos de la soberbia institucional. El caso Nuevo Mieleras dejó un ciudadano muerto y una crisis política que aún se recuerda: la salida del entonces jefe de la poloicía César Perales, y meses después, de José Pepe Ganem, como secretario del Ayuntamiento
Aquel episodio debería bastar como lección: una obra no se defiende con patrullas, sino con planeación, diálogo y sentido común.

Hoy, Villa Florida está a un paso de repetir esa historia.
Cuando los egos se imponen al diálogo y las sospechas crecen, entre la maquinaria detenida y las pancartas, la línea entre la protesta y el enfrentamiento se vuelve cada vez más delgada.

El crecimiento urbano es necesario, sí, pero no puede construirse sobre amenazas, intereses o improvisaciones.
El Ayuntamiento debe abrir los canales de diálogo real con los vecinos, y los líderes sociales deben asumir su papel con responsabilidad, no como instrumento de chantaje ni de revancha política.

Torreón necesita obras, no heridas. Y mientras el polvo se levanta y las patrullas se acercan, Villa Florida se convierte en el espejo más claro de un poder que, cuando confunde diálogo con imposición, termina construyendo conflicto en lugar de ciudad.

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