Riquelme y Olmos, una semana después: menos nostalgia, más revisión para Torreón

A una semana de haber regresado a la alcaldía de Torreón, Miguel Ángel Riquelme Solís ya entendió que la ciudad que recibe no es una fotografía para presumir, sino un expediente abierto. Dos visitas a Seguridad Pública, revisiones en SIMAS y Obras Públicas, además del análisis de contratos de Servicios Públicos, reuniones con el sector cultural no son simples actos de agenda: son señales de diagnóstico político.

Hasta parece vicegobernador con oficina en Torreón, pues ha recibido a secretarios y subsecretarios estatales torreonenses. Su único “padecimiento”, para muchos, es ser workaholic; y eso, en una administración acostumbrada a los ritmos cómodos, puede sentirse como una auditoría con cafeína.

Riquelme no está entrando a una administración tersa, sino a un gobierno con áreas cargadas de dudas, inercias y posibles costos. El reto no será demostrar que sabe mandar. El reto será demostrar si todavía puede ordenar una estructura donde muchos aprendieron a sobrevivir más que a dar resultados.

Porque una cosa es operar con poder y otra muy distinta es convertir ese poder en resultados medibles para una ciudad que ya no compra discursos con tanta facilidad, ni publicaciones con imágenes montadas.

El regreso de Riquelme no ocurre en el mismo Torreón de 2014. Aquella ciudad era otro escenario, con otra energía política, otros márgenes financieros y otra narrativa pública y de seguridad. Hoy, la administración municipal llega marcada por pendientes visibles: servicios que no terminan de convencer, obras que requieren explicaciones, un SIMAS bajo observación permanente y una estructura burocrática donde la comodidad se volvió costumbre.

Dicho sin azúcar: hay áreas donde el café ya no está cargado, sino recalentado.

En ese contexto, lejos de lo que muchos pensaban, el “uno-dos político” entre Miguel Ángel Riquelme y su secretario del Ayuntamiento, Eduardo Olmos, sí parece estar caminando. No se trata de cualquier dupla: son dos exalcaldes, dos operadores con escuela y dos pilares del Grupo Torreón, con experiencia y colmillo suficiente para entender que, en política municipal, nadie aterriza sin mapa.

Riquelme se mueve rápido, presiona, mide el terreno y manda señales antes de formalizar decisiones. Olmos, en cambio, suele avanzar con mayor calma, pero de manera precisa, estudiada y paciente. Uno acelera; el otro calcula. La pregunta es si esa combinación servirá para ordenar el gobierno o solamente para administrar los equilibrios internos del grupo.

La lectura no es menor. Si a esa ecuación se suma, como se escucha en los pasillos políticos, el nombre del exfiscal Gerardo Márquez para integrarse a la seguridad de la ciudad, el mensaje sería todavía más claro: la seguridad no será tratada como tema decorativo, o publicación para redes sociales.

Sería una señal de control político, legalidad y experiencia operativa. Pero también abriría otra pregunta: si se necesita tanto músculo para ajustar la administración, ¿qué tan pesada está la carga que se encontró al llegar?

Los funcionarios que lleguen bajo el estilo Riquelme difícilmente serán improvisados, aunque siempre hay bachán. Tal vez arme una especie de minigobierno estatal con extensión en Torreón, trayendo perfiles de experiencia y parte de la herencia política que le dejó en la administración al saltillense Manolo Jiménez.

No entrarán preguntando dónde está el baño ni quién firma los oficios. Torreón requiere gente con oficio, experiencia y capacidad para operar sin un curso intensivo de “Gobierno Municipal para principiantes”, ni tutoriales de TikTok.

Pero esa exigencia también deja expuestos a quienes ya estaban dentro. El mensaje para varios resulta claro: o saben hacer su trabajo, o pueden ir preparando la caja de cartón para sacar la taza, la fotografía familiar y el santito de la oficina.

Quienes han seguido las declaraciones de Riquelme saben que casi ninguna frase sale gratis. Todas llevan fondo. Cuando habla de operar “sin curva de aprendizaje”, está diciendo que no hay tiempo para ocurrencias. Lo dijo en Seguridad Pública, ante la mirada perdida del todavía jefe policiaco Alfredo Flores, y ahí el mensaje pesó más por el escenario que por la frase.

Cuando insiste en la legalidad, está marcando límites. Cuando se mete de lleno en Seguridad Pública, está enviando un mensaje de mando. Y cuando comienza a revisar SIMAS, Obras Públicas y reabrir contratos de Servicios Públicos, más de uno debería entender que el mensaje no era decorativo: era una advertencia con moño institucional.

El caso de SIMAS merece una lectura aparte. No es solamente una dependencia más; es uno de los puntos más sensibles de cualquier gobierno municipal en Torreón. Agua, drenaje, contratos, servicios, quejas ciudadanas y operación técnica se mezclan ahí como café de olla mal colado.

Por eso, si la revisión avanza de verdad, varios expedientes podrían dejar de dormir en los cajones.

Lo mismo ocurre con Obras Públicas y Servicios Públicos. Ahí se mide al gobierno en la calle, no en el discurso. Este miércoles, luego del evento de La Ola, se habría realizado una revisión personal en Obras Públicas. Por algo andaba por ahí su todavía director, Juan Adolfo Von Bertrab, y hasta al diputado local Hugo Dávila le tocó recorrer los pasillos. Dicen algunos oficiosos que quizá fue para ir viendo qué piso le gusta o cuánto se mueve la estructura por dentro. En política, los recorridos rara vez son turísticos; casi siempre son mediciones de terreno.

La ciudadanía no evalúa con organigramas; evalúa con baches, luminarias, basura, plazas, drenaje y obras que se terminan o se eternizan. Riquelme lo sabe. Por eso, la revisión de esas áreas no puede quedarse en pase de lista ni en reunión de diagnóstico.

Si hay fallas, tendrá que corregirlas; si hay responsabilidades, deberá asumir el costo político de mover piezas. Porque gobernar no es solamente acomodar nombres: también es decidir quién ya no puede seguir cobrando por administrar pendientes.

Por eso, en los próximos días habrá que observar quiénes entran en formato de entrega-recepción, qué expedientes comienzan a moverse y qué funcionarios dejan de caminar tan tranquilos por los pasillos de la Presidencia Municipal. No todos saldrán, pero tampoco todos están seguros.

Hasta eso, dicen que Riquelme respetará las vacaciones de algunos funcionarios cumplidos que ya tenían pagado el viaje a la playa, con desayuno continental incluido. Algunos ya sueñan con Cancún o Mazatlán, quizá en algún resort recomendado por el contralor Óscar Luján. El detalle es que una cosa es irse de vacaciones y otra muy distinta regresar con esta frase rondando en la cabeza: “Tómalas, descansa”… y quién sabe si, al volver, el escritorio todavía seguirá teniendo el mismo nombre. En el lenguaje político, a veces el descanso no es premio, sino una pausa administrativa antes del reacomodo. Y ahí es donde varios deberían leer con cuidado la letra chiquita.

La transición en Torreón no parece venir con escándalo abierto, sino con revisión y bisturí. Sin gritos innecesarios, pero tampoco dejando intacto lo que no funcione. Riquelme sabe que no tiene margen para perder tiempo; Olmos, que cada movimiento debe estar bien armado. Entre los dos pueden construir una administración con oficio y sin cebollazos, siempre y cuando el reparto de responsabilidades no termine convertido en una lucha de egos. Torreón necesita rumbo, menos cinismo y resultados, porque la ciudad no vive de señales: vive de agua, seguridad, servicios, obras y un gobierno funcional. Si el nuevo equipo llega para revisar, que revise; si llega para corregir, que corrija. Pero si solamente llega para acomodar piezas y repartir oxígeno político, entonces el café se va a enfriar muy rápido.

Por cierto, justo a siete días de su regreso, una afección respiratoria dejó momentáneamente a Riquelme fuera de la agenda pública, aunque no de la privada. Nada grave, dicen. Tal vez fueron tantas mentadas de madre contenidas por todo lo que ha encontrado. Porque hay diagnósticos administrativos que no provocan fiebre, pero sí quitan el aire.

PREGUNTAS OFICIOSAS

¿Y dónde está Felipe?

La investigación federal sobre el aseguramiento de un inmueble vinculado a ECO PISARI HM, empresa proveedora de SIMAS Torreón con contratos millonarios, comenzó a abrir otras líneas de interés político. En registros públicos aparecen vinculados Luis Domingo Hoyos Reyes y Luis Alberto Hoyos Ramírez, padre e hijo. Además, en el ámbito político local se señala que Luis Alberto Hoyos Ramírez es primo hermano de la esposa del diputado Felipe González, un parentesco que, por sí mismo, no constituye una irregularidad, pero que inevitablemente alimenta el escrutinio cuando coincide con contratos públicos de alto monto.

Y en medio de todo, la pregunta sigue siendo la misma: ¿dónde está Felipe? Su última aparición pública relevante fue un viaje exprés para ponerse a las órdenes del alcalde Miguel Ángel Riquelme Solís, acompañado incluso de una llamativa decoración: un oso disecado. Después de esa visita, volvió a desaparecer del escenario político local. Hasta el momento no existe información pública que lo vincule con alguna investigación o con la asignación de contratos; sin embargo, cuando los cuestionamientos crecen y las explicaciones escasean, las ausencias también terminan formando parte de la conversación política.

¿Ya se aburrieron de triturar documentos en Comunicación Social?

¿Será que ya se cansaron de ayudar a triturar documentos en el primer piso de la Presidencia Municipal o de investigar para #LadyFugas quién dio el pastelazo contra su todavía jefe, Yohan Uribe, #LordFragmentado? Este jueves reactivaron el viejo chat de prensa de Comunicación Social, aunque ya existe otro grupo oficial. Como la discreción nunca ha sido precisamente su especialidad, el primer envío fue un boletín de Atención Ciudadana. Dicen que mejor deberían mandar este sábado a Gómez Palacio a Uribe como representante de Miguel Ángel Riquelme, aprovechando la visita de la presidenta Claudia Sheinbaum. Al cabo, durante 2024 presumía cercanía con ella y con Morena.

Otro personaje que, según versiones políticas, podría aparecer por la región es Pedro Haces, dirigente sindical identificado con la 4T. ¿Vendrá únicamente por la agenda presidencial o aprovechará para revisar cómo quedaron las oficinas y la operación política de “El Limones”? Porque en política las visitas rara vez son de cortesía y los reencuentros casi nunca son casualidad. Mientras tanto, en Comunicación Social vuelven a encender los chats, circulan boletines ajenos y algunos parecen más preocupados por descubrir quién lanzó un pastel que por explicar quién ordenó apagar la transparencia.

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