
El álbum de la sucesión y la estampita del primer regidor

Con la fiebre mundialista que vive el país, algunos aficionados a la política parecen haber confundido esta columna con el álbum Panini del Mundial 2026.
En los cafés, en los chats políticos, en las mesas empresariales, en los pasillos del Ayuntamiento, los nombres para alcalde interino comienzan a intercambiarse como estampitas. Que si uno tiene más experiencia. Que si otro tiene más cercanía con Saltillo. Que si aquel tiene mejor relación con los grupos empresariales. Que si este representa continuidad. Que si el otro representa renovación.
La realidad es que mientras algunos ya juegan a llenar el álbum de la sucesión, existe una figura institucional que hoy cobra una relevancia pocas veces vista en la historia reciente de Torreón: el primer regidor.
A menos de una semana del sensible fallecimiento del alcalde Román Alberto Cepeda González, la ciudad enfrenta un escenario inédito para varias generaciones de torreonenses. Más allá de las especulaciones políticas, la ley establece con claridad el mecanismo para garantizar la continuidad del gobierno municipal mientras el Congreso de Coahuila determina quién concluirá el periodo constitucional.
Y es precisamente ahí donde aparece Luis Jorge Cuerda.
Muchos ciudadanos quizá nunca habían escuchado hablar de la importancia del primer regidor. Sin embargo, dentro de la arquitectura política municipal se trata de una posición estratégica. No solamente forma parte del Cabildo; históricamente ha sido considerada una figura de equilibrio entre el gobierno municipal, los sectores productivos y las distintas corrientes políticas que integran una administración.
Pero antes de hablar de nombres conviene hablar de leyes. Porque una parte importante de la conversación pública parece olvidar que la sucesión municipal no se decide en redes sociales, en cafés o mediante desplegados publicados en periódicos.
Se decide conforme a la ley. El Código Municipal para el Estado de Coahuila establece que, ante una falta absoluta del alcalde, corresponde al Congreso del Estado designar a quien concluirá el periodo constitucional. En términos prácticos, la decisión final pasa inevitablemente por el liderazgo político estatal.
Tan es así que este miércoles cuatro funcionarios municipales fueron convocados a Saltillo para sostener reuniones en Palacio de Gobierno. Entre ellos, el tesorero Javier Lechuga; la encargada del despacho de la Presidencia Municipal, Angelina García; Jorge Saucedo; y especialmente Luis Jorge Cuerda, en su calidad de primer regidor.
Desde este jueves, Cuerda comenzó a despachar en la oficina del alcalde. Versiones al interior del Ayuntamiento señalan que inicialmente buscaba mantener la prudencia propia de los días de duelo, pero tras dialogar con el gobernador Manolo Jiménez optó por encabezar una reunión de gabinete para transmitir certidumbre.
Por eso la primera regiduría adquiere una importancia extraordinaria. No porque convierta automáticamente a su titular en alcalde definitivo. No porque el Congreso tenga ya una decisión tomada. Sino porque forma parte del mecanismo institucional diseñado para evitar vacíos de poder.
Ahora bien, entender la importancia del primer regidor también obliga a revisar la historia política de la ciudad. En Torreón existe una tradición no escrita que durante décadas marcó la integración de las planillas municipales, particularmente dentro del PRI. La primera regiduría frecuentemente fue ocupada por perfiles vinculados al sector empresarial, especialmente provenientes de la Cámara Nacional de Comercio.
De ahí proviene precisamente Luis Jorge Cuerda.
La relación histórica entre el PRI lagunero y el sector empresarial permitió durante años que la primera regiduría funcionara como un puente entre el gobierno y los organismos económicos de la ciudad. Luis Jorge Cuerda forma parte precisamente de esa tradición.
La experiencia dejó una enseñanza que sigue vigente: la fuerza política no depende únicamente del cargo que aparece en el organigrama. Depende de la capacidad para construir acuerdos.
Mientras tanto, los rumores continúan.
Unos aseguran que Saltillo ya decidió. Otros afirman que determinados nombres están descartados. Algunos hablan de empresarios. Otros de operadores políticos. Y otros más ya reparten cargos como si la decisión estuviera tomada.
Sin embargo, existe otro elemento que vale la pena considerar: gobernar una ciudad no es dirigir una empresa.
La experiencia empresarial puede aportar capacidad administrativa, disciplina financiera y visión de gestión. Pero la política exige algo distinto: construir consensos, resolver conflictos, dialogar con sectores opuestos, administrar crisis y representar intereses muchas veces contradictorios.
Torreón no es una empresa. Y si Luis Jorge Cuerda aspira a convertirse en algo más que un alcalde interino o de transición, deberá demostrar que puede construir gobernabilidad propia, tomar decisiones difíciles y marcar distancia de aquellos funcionarios que continúan profundizando divisiones internas.
Hay otro detalle que tampoco debe perderse de vista: a Saltillo nunca le ha gustado que le digan qué hacer. Por eso, quienes hoy intentan influir en la decisión mediante presiones públicas, filtraciones o desplegados deberían recordar una vieja lección de la política coahuilense: cuando demasiadas manos intentan mover el tablero, quien termina decidiendo suele hacerlo en sentido contrario. Mientras algunos siguen llenando su álbum Panini de posibles alcaldes, la realidad es que la sucesión todavía no tiene dueño.

PREGUNTAS OFICIOSAS
¿Quién está haciendo horas extra en el séptimo piso?
Mientras la sucesión en Torreón sigue ocupando conversaciones, pasillos y cafés políticos, hay quienes parecen haber encontrado en la incertidumbre una oportunidad. Los comentarios apuntan a que una de las figuras más activas en el séptimo piso sería la inquieta y siempre presente «querida síndica» Natalia Fernández. Incluso sus críticos reconocen su capacidad jurídica y el trabajo que realiza como abogada, un punto a su favor. Sin embargo, también abundan las versiones de que continúa intentando influir en decisiones, construir acuerdos y deshacer otros, muchas veces a nombre de terceros. Dicen que los viernes suele dejarse ver por Saltillo para visitar a su familia y regresar rápidamente a Torreón. ¿Gestión institucional, vocación de servicio o simple operación política? La pregunta sigue flotando en el ambiente.
Pero no es la única que parece acumular horas extra. Otros personajes han comenzado a reaparecer en la nómina y en la conversación pública. Ahí está Héctor Estrada, suplente de Felipe González, quien regresó al Ayuntamiento mientras algunos especulan sobre el futuro político del diputado electo y la posibilidad de que, llegado el momento, busque la candidatura priista a la alcaldía. También volvió Fernando Villarreal a Servicios Públicos tras su breve paso por la dirigencia municipal del PRI. Lo que todavía no queda claro es si regresó acompañado de toda su estructura, incluidos los famosos «burros y mulas» que tantas historias han generado en la política local. Por cierto, su retorno coincidió con una fecha especial: su cumpleaños. Y hablando de reuniones, cuentan que en la más reciente junta de gabinete también hubo una que otra ausencia que no pasó desapercibida. En tiempos de sucesión, hasta las sillas vacías terminan enviando mensajes.
¿Los cumpleaños también mandan mensajes?
Este 11 de junio varios políticos estuvieron de manteles largos. Entre ellos Antonio Attolini, quien llegó a los 36 años con el futuro político aún por definirse tras la elección. Dicen que, además de apagar las velas, pidió uno que otro deseo rumbo al 2027. El morenista recibió felicitaciones de prácticamente todos los frentes, incluso de algunos con quienes ha tenido diferencias públicas, como Luis Fernando Salazar. Lo que llamó la atención fueron algunas ausencias, entre ellas las de Cecy Guadiana y Verónica Martínez. En política, los silencios también comunican.
Otra festejada fue la alcaldesa de Lerdo, Susy Torrecillas, quien fue sorprendida por funcionarios y colaboradores con mañanitas, regalos y pastel antes de la sesión de Cabildo. Entre ramos buchones, fotografías y felicitaciones, la alcaldesa disfrutó el momento. Porque en política los cumpleaños no solo sirven para sumar años; también sirven para medir afectos, alianzas y cercanías.
