¿Quién sigue en Torreón? Gira oficial deja mensajes para el gabinete municipal

Hay mañanas en que la política no necesita micrófono: basta mirar el acomodo. Este martes, el gobernador de Coahuila, Manolo Jiménez Salinas, encabezó en Torreón la entrega de apoyos del programa “Veamos la Discapacidad”. El acto, de fondo social y necesario, tuvo también lectura política: en el Centro de Convenciones no se vio a la mayoría de los directores municipales. Salvo la presidenta del DIF Torreón, Selina Bremer, y algunos diputados locales, el municipio apareció más como espectador que como protagonista.

En el presidium sí estuvieron perfiles con peso. Hugo Dávila fue presentado como encargado de despacho de la Secretaría de Desarrollo Regional de La Laguna; Felipe González reapareció trabajando en tarima; también fue invitada Verónica Martínez. Ximena Villarreal llegó tarde, muy “enchalecada” de verde, pero no fue colocada en el mismo nivel. En política, el chaleco puede vestir; la silla, en cambio, delata. También arribaron varios cuadros laguneros que hoy cobran en la nómina estatal y entienden muy bien que una foto, tomada a tiempo, puede valer más que un discurso de diez minutos.

Después vino la primera piedra de Penta Park Laguna, proyecto industrial con inversión superior a 300 millones de pesos. Ahí sí fueron invitados casi todos los directores municipales, pero muchos terminaron en las penúltimas filas, donde el cargo se ve menos y el mensaje se entiende más. Sólo Roberto Escalante, gerente de SIMAS, alcanzó mejor ubicación. Sus propios compañeros, entre broma y veneno, lo habrían atribuido a “palancas”. Casualidad o señal, pero en estos días de revisión municipal nada se acomoda por accidente.

Según asistentes, fueron vistos Marcelo “El Kiko” Valdés, de Medio Ambiente; Luis Morales, de Movilidad; Juan Adolfo Von Bertrab, de Obras Públicas; César Alvarado, de Autotransporte; Pablo Fernández, de Inspección y Verificación; Antonio Méndez Vigatá, de Cultura, y otros funcionarios que antes se movían con mayor soltura. Hoy varios parecen vivir sus últimas horas en la nómina municipal: los invitaron, sí, pero no los abrazaron. En cristiano lagunero: los sentaron donde empieza el paisaje.

También pesaron las ausencias. No estuvieron, o al menos no se vieron, Alfredo Flores, de la Policía Municipal; Ariel Martínez, jefe de Gabinete; Gustavo Muñoz, de Urbanismo; Víctor Navarro, del Sistema Integral de Mantenimiento Vial, ni Martha Rodríguez, de Tribunales. En cambio, quien sí tuvo lugar de privilegio fue Toñito Hernández, el señalado como rescatado por Saltillo, viendo de lejos a esos excompañeros que alguna vez lo llamaron “Judas”. La política tiene memoria corta para perdonar, pero larguísima para cobrar.

También aparecieron perfiles con margen político, incluidas figuras que se sentían municipales, aunque cobran de la sagrada nómina estatal y ahora buscan padrino de temporada. Al estilo Flor Rentería, varios fueron más a buscar selfie que a escuchar mensajes. Parecía intercambio de estampitas de Panini: foto con Manolo, foto con Riquelme, foto con quien se deje. La máxima fue sencilla: tomarse la imagen con quien sea, aunque ayer juraran lealtad en otra ventanilla. Miguel Riquelme conoce ese lenguaje. Una cosa es permitir la foto y otra muy distinta entregar confianza.

Y ahí estuvo el detalle. Según versiones, Ramón Chufani, todavía director del Deporte, buscó con insistencia la foto con Riquelme y habría pedido a su asistente no despegarse para lograr la imagen con el alcalde. No es pecado tomarse una foto; pecado político es creer que una selfie sustituye trabajo, oficio, lealtad o borra auditorías. Antes le decían besamanos. Hoy podría llamarse “proximidad administrada por cámara frontal”. Otros, con humor más filoso, dijeron que tal vez fue a ofrecer sus servicios de mantenimiento de albercas con descuento para el municipio o para la Deportiva.

Manolo y Miguel, los nuevos M&M de la operación política lagunera, ya pusieron sobre la mesa una agenda conjunta para Torreón: seguridad, transporte, agua, cárcamos en alerta, baches que parecen obra pública permanente, servicios municipales en revisión y posibles enroques del Estado al municipio. Por eso el acomodo de este martes no fue menor. Cuando una administración entra en evaluación, el presídium también funciona como lista de asistencia, semáforo y advertencia.

Por algo han empezado a revisarse obras y proyectos heredados, desde el Puente del Campesino hasta la segunda etapa del Paseo Morelos, el Metrobús del romanato y el Centro Cultural del Norte. Algunos proyectos podrían avanzar; otros podrían quedar en pausa; y unos más podrían convertirse en expediente. En política, no todo se cancela con anuncio: a veces se congela con silencio.

Este miércoles 15 de julio, según versiones políticas, podrían venir cambios importantes en el Ayuntamiento de Torreón. No sería extraño. El nuevo tablero ya empezó a moverse y muchos funcionarios lo saben: quien ayer presumía cercanía, hoy busca silla; quien antes mandaba, hoy espera llamada; y quien se sentía indispensable, ahora descubre que la nómina también tiene fecha de caducidad.

A algunos los llamarán para integrarlos al nuevo proyecto. A otros, para que entendieran. Y a unos cuantos, quizá, para que vayan preparando la caja de cartón antes de que les apaguen la extensión telefónica. La política no siempre corre: a veces te sienta hasta atrás para que tú solo entiendas el recado.

Pregunta oficiosa:

¿Qué golpeó más al IMCE: el Camaro o la nómina cultural?

La barda del Instituto Municipal de Cultura no fue la única que amaneció golpeada: también quedó raspada la lectura política de Cultura en Torreón. Mientras un Camaro rojo terminó proyectando daños contra el edificio, patrimonio de la ciudad, y su conductor huyó dejando el vehículo y a una acompañante en el lugar, el mensaje de fondo había llegado horas antes con la reunión de Miguel Ángel Riquelme Solís y Antonio Méndez Vigatá para revisar museos, bibliotecas, centros culturales, programas y planeación del IMCE. En política, cuando revisan escritorios, no siempre buscan polvo: a veces buscan huellas. Tsss, tsss.

Y ahí empezó el presagio. Alrededor de Méndez Vigatá ya nadan muchas rémoras buscando puesto, foto, oficina o salvavidas de nómina. Pero Cultura no puede convertirse en premio de consolación ni en refugio de cargos duplicados, funciones repetidas y puestos de adorno. Si viene relevo o ajuste, no solo hará falta reparar la barda: también rasurar la nómina, revisar la entrega-recepción y dejar solo perfiles esenciales, serios, diplomáticos, con gestión real, relaciones públicas, experiencia cultural y, sobre todo, lealtad. Porque una cosa es aparecer en la foto y otra muy distinta es sostener proyectos sin estrellarse contra la primera barda institucional.

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