¿Quién está matando a los motociclistas en La Laguna?

En La Laguna la motocicleta dejó de ser únicamente transporte económico. Hoy también representa una crisis vial que creció frente a todos mientras gobiernos y organismos de movilidad reaccionan demasiado tarde.

Y en medio de funerales, hospitales y cruces improvisadas sobre el pavimento, comienza a surgir una pregunta que políticamente pocos quieren responder de :

¿Quién es realmente responsable de estas muertes?

La discusión además aparece en un contexto nacional donde la presidenta Claudia Sheinbaum mencionó el 16 de abril el caso de un joven que utilizó recursos de la beca Jóvenes Construyendo el Futuro para comprarse una motocicleta y trasladarse a estudiar y trabajar. El comentario abrió debate sobre movilidad juvenil y oportunidades económicas. Pero en La Laguna la realidad terminó siendo mucho más dura: jóvenes utilizando motocicletas como única alternativa de movilidad… dentro de ciudades que todavía no garantizan condiciones seguras para circular.

Porque la respuesta fácil sería culpar únicamente al conductor. Hablar de velocidad, alcohol, imprudencia o falta de casco. Y sí, existe responsabilidad individual. Pero cuando las tragedias comienzan a repetirse cada semana, el problema deja de ser solamente personal y empieza a exhibir un fracaso urbano mucho más profundo.

Fernando tenía apenas 16 años cuando murió tras derrapar en Lerdo. Alma Natalia tenía 18 años cuando falleció en Torreón. Y Cristian rondaba los 26 años cuando perdió el control rumbo a Villa Juárez. Y detrás de cada caso vuelve a repetirse el mismo patrón: juventud, poca supervisión, vialidades inseguras y una estructura urbana que nunca evolucionó al ritmo del fenómeno motociclista.

Entonces aparece otra pregunta:

¿Dónde estuvieron las autoridades mientras las motocicletas se multiplicaban por toda La Laguna?

Porque el crecimiento no ocurrió de forma repentina. Durante años las agencias han vendido motocicletas con pagos semanales, créditos rápidos y facilidades accesibles para estudiantes, repartidores y trabajadores. El mercado avanzó mucho más rápido que la reacción gubernamental.

Las motos crecieron más rápido que los reglamentos, más rápido que la capacitación vial y muchísimo más rápido que la infraestructura urbana.

Hoy resulta cotidiano observar menores manejando, repartidores arriesgando la vida bajo presión laboral, motociclistas sin placas visibles y jóvenes usando cascos de baja calidad únicamente para evitar multas. La escena se normalizó tanto que muchas veces las ciudades parecen haberse resignado a convivir con el riesgo.

Y ahí aparece la verdadera negligencia.

Porque durante años las administraciones hablaron de movilidad y prevención… pero no han construido un esquema regional serio para enfrentar el crecimiento motociclista. Las medidas aún no llegan y muchas veces se limitan a operativos temporales o discursos de “cero tolerancia” que difícilmente modifican el problema estructural.

La realidad es brutal: muchas veces las autoridades parecen más preparadas para acordonar accidentes que para prevenirlos.

Porque la movilidad no se resuelve únicamente con retenes de fin de semana. Requiere regulación permanente, licencias más estrictas, capacitación obligatoria, controles digitales, supervisión para repartidores e infraestructura pensada para un parque vehicular completamente distinto al de hace una década.

Y ahí surge la contradicción más incómoda: miles de jóvenes encontraron en la motocicleta la única forma viable de moverse en una región donde el transporte público sigue siendo lento, inseguro o insuficiente.

La motocicleta terminó siendo solución económica… pero también símbolo de vulnerabilidad urbana.

Por eso la responsabilidad no tiene una sola cara.

Sí, existe responsabilidad del conductor que acelera sin casco. Pero también existe responsabilidad empresarial cuando se normaliza la presión laboral sobre repartidores. Existe responsabilidad social cuando se minimiza el riesgo. Y existe responsabilidad gubernamental cuando durante años se permite que el fenómeno crezca sin construir mecanismos preventivos proporcionales al peligro.

Porque cuando las muertes dejan de ser excepcionales y comienzan a formar parte de la nota roja, ya no hablamos de accidentes aislados.

Hablamos de un fracaso colectivo.


🔥 PREGUNTAS OFICIOSAS

¿La crisis del agua también exhibe privilegios en Torreón?

La crisis del agua en el poniente de Torreón ya dejó de ser solamente un problema técnico para convertirse en un símbolo político incómodo. Mientras vecinos de colonias cercanas a La Jabonera denuncian días enteros sin presión, árboles secos y centros comunitarios golpeados por el calor lagunero, la molestia crece por una percepción que comienza a repetirse en la calle: hay espacios municipales donde sí aparecen pipas, cisternas y atención rápida… mientras el ciudadano común sigue esperando que del tinaco salga algo más que aire caliente. Porque cuando la propia comunidad observa que algunos edificios oficiales logran abastecerse —aunque no todos—, los niños que acuden al Centro de Lectura Digital Enriqueta Ochoa también batallan por la baja presión, tal vez porque su nómina depende del Estado, pero padecen igual que en sus hogares donde las llaves apenas gotean… y eso, en pleno calor lagunero, ya es mucho decir. Y entonces la narrativa cambia. Ya no se habla solamente de escasez. Se habla de privilegios en medio de la sequía.

Y en paralelo aparece otro ingrediente clásico de la política lagunera: las explicaciones improvisadas desde SIMAS. Que si fueron cables cortados, que si falló el taller, que si el problema era eléctrico… aunque vecinos aseguran que las fallas parecían mucho más profundas que un simple desperfecto técnico. El problema para las autoridades no es únicamente la falta de agua; es la sensación de desorden, contradicciones y respuestas mal coordinadas en plena temporada de calor. Porque en Torreón el agua ya no solo moja campañas… también puede hundir discursos completos. Y cuando la pipa llega primero al edificio oficial que a la colonia, la percepción pública hace el resto.


¿Quién tiene atorada realmente la administración en Torreón?

En los pasillos municipales comienza a repetirse un nombre cada vez con más frecuencia: Javier Lechuga. Y no precisamente por temas de jardinería institucional. Versiones internas aseguran que el tesorero carga ya con el enojo de proveedores, operadores y hasta áreas completas de la administración, donde crece la percepción de que los pagos avanzan dependiendo más de relaciones políticas que de procesos administrativos. El reclamo se repite entre quienes aseguran que las facturas se liberan “cuando se quiere y para quien se quiere”, mientras otros expedientes simplemente quedan congelados entre escritorios, llamadas sin respuesta y promesas de “la próxima semana”.

Pero el verdadero ruido no estaría solamente en los retrasos. Dentro del Ayuntamiento también comienzan a circular versiones sobre presuntas negociaciones de porcentajes y filtros políticos para que ciertos asuntos caminen. La frase ya corre entre contratistas como advertencia de oficina en oficina: “si no te reportas con él, el asunto no avanza”. Y en plena temporada electoral, el problema deja de ser administrativo para convertirse en político. Porque cuando media administración trabaja bajo presión, los proveedores están molestos y los rumores internos crecen más rápido que las obras, el desgaste termina llegando directo al escritorio principal… aunque oficialmente nadie quiera decirlo en voz alta.


¿Saltillo tuvo que entrar al rescate político y mediático del PRI lagunero?

Resulta curioso escuchar dentro del grupo de los cepedistas las constantes quejas sobre la supuesta injerencia de Saltillo en Torreón… pero tampoco se ayudan. Ahora las “fuerzas del sarape” terminaron entrando al rescate de la comunicación priista lagunera ante el evidente desgaste del interinato de Fer Villarreal, cuyo nombramiento —según los propios estatutos partidistas— ni siquiera se ha formalizado. La inexperiencia terminó exhibiéndose sola en las ruedas de prensa de los candidatos a diputados al estilo “mañaneras” de cada lunes, donde el mensaje cambia más rápido que la agenda política: primero se pedía no politizar el tema del agua y, apenas una semana después, el mismo asunto terminó convertido en golpeteo político, como dispararse en el pie. Porque resulta complicado defender a una dirección responsable cuando todos pertenecen al mismo grupo político. Por algo desde Saltillo decidieron operar su propio equipo de comunicación con “Código Portal” desde Palacio Rosa, desplazando poco a poco a los operadores locales.

Y el ejemplo más reciente de ese intervencionismo sería el rescate mediático para Hugo Dávila en el Distrito 11, después del desangelado evento del viernes organizado por Comunicación Social de Torreón bajo la operación de Yohan Uribe, mejor conocido en redes como #LordFragmentado. Ahora sí prometieron convocatoria real, aunque con un detalle imposible de ignorar: el evento sería en el restaurante de un funcionario municipal, el director de Turismo, Memo “Pinabete” Martínez. Lo curioso es que el lugar ya ha servido lo mismo para eventos de Morena que para reuniones del PRI, alimentando todavía más las versiones sobre acuerdos, puentes discretos y operadores que juegan en varios frentes al mismo tiempo. Porque la pregunta ya comienza a circular en voz baja: ¿habrá pedido permiso Memo a quien señalan como su socio político dentro de la 4T, un conocido personaje nacional mencionado incluso por autoridades de Estados Unidos?


¿Reconciliación política…?

Dicen que más vale tarde que nunca. Y quien volvió a aparecer junto a quien hace no mucho consideraba “como un hermano” fue el senador morenista Luis Fernando Salazar, quien este lunes reapareció para apoyar y dejarse ver con los candidatos de Morena en los distritos 11 y 09, particularmente junto a Antonio Attolini. El distanciamiento entre ambos al arranque de las campañas había sido demasiado evidente como para ignorarlo, por eso la reaparición ya levantó preguntas dentro y fuera del morenismo lagunero. Porque en política los silencios duran poco… cuando las elecciones se acercan.

La duda ahora es otra: ¿qué habrá llevado Luis Fernando de regalo postboda además de la reconciliación política? Y sobre todo, ¿también se le verá pegando lonas con el ala del PT de Pily de Aguinaga en el Distrito 10 o acompañando a Lucía Zorrilla en el 08? Porque en Morena las fotos de unidad siempre generan dos lecturas: apoyo real… o simple administración de daños internos rumbo al siguiente reparto de poder.

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