
Del América y Santos al poder: los padres políticos de La Laguna

Este domingo se celebra el Día del Padre. Y en La Laguna, donde el futbol y la política suelen hablar el mismo idioma, la fecha también se presta para las analogías.
Entre la afición del América es común escuchar que las Águilas son el «papá» de Santos Laguna. Los argumentos existen: más títulos de Liga MX, mayor poder económico, más reflectores nacionales y la capacidad de llevarse, una y otra vez, a jugadores que brillaron en Torreón para convertirlos en figuras azulcrema. La narrativa es sencilla: Santos forma y el América capitaliza. Pero la estadística completa obliga a ponerle VAR al debate. En las series de Liguilla, Santos ha sido un rival particularmente incómodo para las Águilas y en varias ocasiones ha terminado eliminándolas cuando más importaba. Es decir, una cosa es la percepción de grandeza y otra muy distinta lo que ocurre en la hora de la verdad.
Algo parecido sucede en la política mexicana. Hay quienes sostienen que el PRI es, en cierta medida, el «padre político» de Morena. No porque Morena haya nacido del PRI ni porque ambos representen el mismo proyecto ideológico. La explicación es más práctica: una parte importante de los liderazgos morenistas aprendió a hacer política dentro de las estructuras priistas. Ahí conocieron la operación territorial, la movilización electoral, la construcción de grupos y la disciplina partidista. Cambió la camiseta, pero muchas de las formas de competir permanecieron.
La Laguna también ha tenido sus propios «padres políticos». Los hermanos Rubén Moreira y Humberto Moreira edificaron la estructura priista más poderosa de la historia reciente de Coahuila y de su escuela surgieron alcaldes, diputados y operadores que aún hoy mantienen influencia. De esa misma generación política emergieron Miguel Ángel Riquelme Solís y Eduardo Olmos Castro, dos figuras que terminaron convirtiendo a Torreón en un centro de poder con peso propio dentro del estado. Mientras Riquelme consolidó al llamado Grupo Torreón y le dio proyección estatal al liderazgo lagunero, Olmos se convirtió en uno de sus cuadros más representativos, transitando por la alcaldía, el Congreso y la administración pública, además de participar en la formación de nuevas generaciones de operadores políticos.
La huella de Román Alberto Cepeda González trasciende su paso por el servicio público. En los últimos años consolidó una estructura política y administrativa propia que mantiene presencia e influencia en la vida pública de Torreón. En ese contexto, su hijo, Ernesto Cepeda González, ha asumido de manera natural un papel de acompañamiento y resguardo del legado político y familiar de su padre, preservando vínculos con diversos sectores sociales, empresariales y políticos de la región.
Del lado del PAN, Jorge Zermeño Infante es considerado el patriarca del panismo lagunero moderno, el hombre que mantuvo viva la oposición cuando el PRI parecía invencible. Junto a él aparece Guillermo Anaya Llamas, quien convirtió a Acción Nacional en un verdadero competidor electoral y durante años representó el principal contrapeso al priismo en Coahuila. En Gómez Palacio, Carlos Herrera Araluce construyó una dinastía política y empresarial que marcó durante décadas el rumbo económico y político de la Comarca Lagunera de Durango.
La política y el futbol tienen algo en común: los equipos cambian de uniforme, los partidos cambian de colores y los liderazgos migran de una institución a otra. Sin embargo, las escuelas permanecen. Al final, el verdadero «padre» no siempre es quien presume más títulos o más cargos. Muchas veces es quien forma cuadros, crea estructuras y deja una herencia capaz de sobrevivirle. Y en La Laguna, como en el futbol, la discusión sobre quién es el «papá» de quién seguirá dando tema de conversación mucho después de que termine el festejo de este domingo.

☕ PREGUNTAS OFICIOSAS
☕ ¿La diversidad une… o también se fragmenta en Torreón?
En un mundo ideal, todas las expresiones que buscan visibilizar y defender los derechos de la comunidad LGBT+ caminarían en el mismo sentido. La pluralidad de voces, causas y colectivos debería sumar, no competir. Sin embargo, en Torreón parece imponerse, una vez más, la lógica del «divide y vencerás». Un grupo de activistas con causas legítimas decidió impulsar un movimiento alterno en lugar de integrarse a la marcha tradicional que este año cumple 19 años de historia. Incluso, algunos de sus integrantes han llegado a afirmar que realizarán la «primera marcha», desdibujando casi dos décadas de trabajo y activismo. Las causas son legítimas; las formas, en cambio, dejan interrogantes.
Los oficiosos, como siempre, ya hacen sus propias lecturas políticas. Dicen que la «querida síndica», Natalia Fernández, estaría detrás de algunos de estos respaldos, sumando apoyos que van desde #LordFragmentado hasta el director del Instituto Municipal del Deporte, Ramón Chufani, quien de manera repentina ha mostrado interés en la marcha tradicional de 19 años. ¿Participará de manera institucional o a título personal? Todos, todas y todes son bienvenidos cuando se trata de ampliar derechos y libertades. Por cierto, este viernes, el «rey de los deportes» también se sumó a la visibilidad del movimiento cuando los Algodoneros de Unión Laguna invitaron al activista Raymundo Germán Valadez Andrade a realizar el lanzamiento de la primera bola con motivo del Mes del Orgullo, en un hecho inédito para la comunidad LGBT+ lagunera. Según versiones de los propios activistas, la invitación originalmente habría sido considerada para los organizadores de la marcha tradicional.
☕ ¿La camioneta de la unidad… o la de la sobreexposición?
La fotografía de la famosa camioneta rumbo a Saltillo sigue generando lecturas encontradas. Para algunos, la imagen proyecta coordinación, disciplina y un equipo alineado con el gobernador. «Súper coordinados y del mismo equipo», resumieron algunos de los propios protagonistas. La fotografía también ha sido bautizada en redes y en los cafés políticos como el «nuevo Grupo Torreón» o incluso la «boy band» de la política lagunera. Al final, en política las imágenes pesan más que los boletines y seis actores juntos inevitablemente alimentan la narrativa de que ahí viaja parte de la nueva generación política de Torreón. En la imagen aparecen, al frente, Felipe González al volante y Hugo Dávila como copiloto; en la segunda fila, Héctor Estrada y Ernesto Cepeda; y al fondo, Ariel Martínez y Fernando Villarreal.
Pero también existe otra lectura. Todos aparecen unidos en la foto, aunque varios son mencionados en las quinielas de la sucesión interina y cada uno tiene su propio capital político. Los oficiosos dicen que desde Saltillo se divierten viendo a todos moverse y competir entre sí, cuando el propio gobernador habría enviado un mensaje de prudencia, disciplina y perfil bajo. Sin embargo, algunos parecen hacer exactamente lo contrario: emprenden tours de medios y opinan de cualquier tema con tal de figurar. Porque en política los egos suelen ser más grandes que las camionetas. Y hubo otro detalle que tampoco pasó inadvertido: si la intención era proyectar unidad, en la imagen faltaron varios actores relevantes, entre ellos el propio Luis Jorge Cuerda Serna y alguna figura femenina de peso político que enviara un mensaje más amplio de inclusión y cohesión. Por eso la pregunta sigue abierta: ¿era una simple foto de compañeros de ruta o la primera postal de una generación que todavía no sabe quién encabezará el viaje?
