
Predial en Torreón: el error no fue cobrar… fue cómo lo hicieron

En Torreón, el predial dejó de ser un trámite para convertirse en conflicto. Desde abril, tras concluir el periodo de descuentos oficiales, comenzaron a llegar notificaciones a contribuyentes de colonias como Villas del Renacimiento, incluso a personas que aseguran no tener adeudos previos ni inconsistencias en sus propiedades. Lo que debía ser una fase normal de recaudación terminó encendiendo un problema mayor: percepción de abuso, desinformación y enojo colectivo.
Hasta ahí, el papel. Pero la calle cuenta otra historia. En los chats vecinales del sector norte del fraccionamiento Villas del Renacimiento, la narrativa es distinta y más cruda: “vinieron de presidencia a poner sellos… sin previa notificación”, “traen sellos informativos, pero se ponen pesados”, y la frase que prende todas las alarmas: “ahora sí vamos a parar allá afuera con palos y llantas”. No es una postura técnica, es una reacción emocional. Y cuando la política se enfrenta a emociones, pierde el control del ritmo.
El punto crítico no es la legalidad del cobro, sino su ejecución. Porque, aunque el municipio tenga sustento jurídico, si el ciudadano percibe que el procedimiento fue irregular, la legitimidad se rompe. Más aún cuando aparece la percepción de trato desigual: “a unos sí les llegó el requerimiento, a otros no”. En ese momento, el tema deja de ser fiscal y se convierte en político.
Al final, el predial sí se paga. Pero la confianza no siempre regresa. Y cuando esa confianza se rompe, el problema deja de ser administrativo… y se convierte en electoral.
El argumento oficial no es improvisado, pero llega tarde y sin operación social. Roberto Barrios Hinojosa sostiene un esquema legalmente válido —pago bimestral, exigibilidad en abril y sanciones establecidas—, respaldado además por el primer regidor Luis Jorge Cuerda. El problema no es lo que dicen… es que la ciudadanía nunca lo percibió como un proceso claro. Se informó, pero no se explicó; se ejecutó, pero no se preparó. Y en política, lo que no se entiende, se rechaza.
Además, el contexto no ayuda. Barrios no es un funcionario cualquiera: es un operador clave en Ingresos, en un momento en que cualquier error de ejecución tiene impacto directo en la calle. Y cuando desde esa área se genera fricción social, la lectura interna es inevitable: no falló la ley… falló la operación. Porque, si el modelo era correcto, el conflicto no debió escalar a este nivel.
El tesorero Javier Lechuga no logra contener el desgaste en territorio. A esto se suma el factor político: una administración con frentes abiertos, tensiones con el sindicato y un calendario electoral que no perdona errores. Porque, en este contexto, cualquier acción mal ejecutada se traduce en costo político inmediato.
El resultado es simple y contundente: el gobierno tiene la razón jurídica, pero está perdiendo la narrativa pública. Y cuando eso ocurre, el problema deja de ser administrativo… se convierte en político. Porque en Torreón hoy no se discute cómo se paga el predial… se discute cómo lo están cobrando. Y esa diferencia, en año electoral, no es menor.
El municipio puede tener razón en la ley, pero está perdiendo terreno en la percepción. Porque la gente no discute artículos ni reglamentos… discute trato. Y hoy el trato se está leyendo como presión. En política, eso tiene consecuencias claras: lo que empieza como notificación, termina como movilización.

Preguntas oficiosas
¿Primera comunión política… o acto de fe electoral?
Este lunes, los candidatos priistas a diputados locales fueron presentados ante la sociedad como si se tratara de una primera comunión: ropa blanca, sonrisas ensayadas y una humildad repentina que apareció justo a tiempo para el calendario electoral. Apenas un día antes habían recibido la bendición política del gobernador Manolo Jiménez, y hasta allá desfilaron desde Torreón: Hugo Dávila, Felipe González, Verónica Martínez y Ximena Villarreal, acompañados —casi en procesión— de sus posibles suplentes, además de funcionarios como Javier Lechuga y Fernando Villarreal. Pero el detalle no menor: no hubo foto juntos, evidenciando que la unidad sigue siendo más discurso que realidad, mientras cada aspirante juega su propio tablero.
Pero si algo dejó claro el acto, es que la unidad sigue siendo más discurso que realidad. Hugo Dávila (D11) y Verónica Martínez (D10) llegaron cobijados por Karla Centeno D11, mientras Ximena Villarreal D08 guardó en reserva su respaldo, en un escenario donde varios ya se sentían en campaña… pero la decisión la tomó Manolo Jiménez. Dejando la selfie para otro día con , como Flor Estela Rentería,uien se la se pasa más en eventos que en oficina. Y mientras unos reparten bendiciones y otros acumulan selfies, la duda queda: ¿estrategia o simulación? Porque ni con ropa blanca hubo paz… lo que viene es competencia disfrazada de fe.
¿Comunión… o negociación en puerta?
También estuvieron en Saltillo los operadores —con nervios y casetas pagadas—: Ariel Martínez y Neto Cepeda, reacomodándose junto a Felipe González y Hugo Dávila. Este martes a las 8 a.m., Ariel Martínez encabeza la negociación con el sindicato mayoritario de Rosalva Rodríguez; si no hay acuerdo en el tema de inspectores, más de mil 100 empleados podrían entrar en paro y frenar la operación municipal. En el fondo, ya se mueven otras piezas: nombres como Shamir Fernández comienzan a aparecer… porque cuando la política se tensa, la operación se convierte en poder.
