
Del «El que parece es» al Pride: así cambió Torreón

«¡Puto!», esa palabra que se escucha en estadios y calles como si fuera parte del lenguaje cotidiano. Sin embargo, para muchas personas homosexuales fue el primer insulto que recibieron por su orientación sexual. En los casos más extremos, campañas de sensibilización la han convertido en una frase tan dura como simbólica: «Puto, la última palabra que escucha un homosexual antes de ser asesinado». La violencia por prejuicio casi nunca comienza con un golpe; comienza con una palabra que deshumaniza.
Mientras el futbol mexicano sigue debatiendo si ese grito es tradición o discriminación, vale la pena recordar que en Torreón hubo una mujer que, sin saberlo, comenzó a cambiar esa conversación. Lorena Charles, una mujer abiertamente lesbiana, de carácter fuerte, lenguaje directo y liderazgo popular, no temía confrontar a funcionarios ni defender a quienes consideraba vulnerables. Identificada con el PRI, se convirtió en una de las voces más visibles de la diversidad sexual en la región. Lo hizo en una ciudad de profundas raíces conservadoras y durante la administración municipal del panista Guillermo Anaya Llamas. Lorena es especialmente recordada por organizar la primera marcha de protesta lésbico-gay en 2004, surgida después de que el entonces alcalde, al ser cuestionado sobre cómo identificaría a los homosexuales para detenerlos, respondiera con la frase «El que parece es». También quedó en la memoria colectiva por protagonizar actos simbólicos que rompían paradigmas, como ingresar con mujeres trans y travestis al salón de Cabildo de la antigua Presidencia Municipal para bailar y exigir respeto e igualdad frente al poder político, una escena que desafió los prejuicios de la época y convirtió su activismo en un referente de la lucha por los derechos de la diversidad sexual en Torreón.
El activismo de Lorena Charles surgió cuando la comunidad LGBT aparecía con mayor frecuencia en la nota policiaca que en la agenda pública. Durante las noches, la avenida Morelos del Centro Histórico se convertía en punto de encuentro de la diversidad sexual y del trabajo sexual, mientras los operativos policiacos y reglamentos municipales permitían sancionar manifestaciones de afecto entre personas del mismo sexo y otras conductas consideradas faltas administrativas. Esa lucha derivó en uno de los primeros triunfos del movimiento: el 28 de junio de 2005 fue derogado el artículo 75 del Reglamento de Salud Municipal de Torreón, considerado discriminatorio por la comunidad.
Como recuerda el activista Raymundo Valadez Andrade, la derogación de ese artículo, la apertura del CAPASITS Torreón en 2006 y, años después, la resolución del Tribunal Electoral que impulsó acciones para garantizar los derechos político-electorales de la población LGBT en Coahuila, demostraron que una marcha puede convertirse en derechos concretos y no sólo en un acto simbólico.
Con el tiempo, Coahuila pasó de ser escenario de reglamentos cuestionados a convertirse en una de las entidades pioneras en el reconocimiento de derechos de la diversidad sexual: aprobó el Pacto Civil de Solidaridad en 2007 y legalizó el matrimonio igualitario en 2014. Esos cambios no fueron concesiones espontáneas del poder; fueron resultado del activismo, del diálogo institucional y de una sociedad que poco a poco comenzó a transformar sus propios prejuicios.
Este año el Pride Torreón cumple 19 años. Lo que inició como una protesta contra la discriminación hoy reúne a miles de personas. Su significado va mucho más allá de un desfile: es una marcha por la igualdad, por el derecho a vivir sin violencia, por el acceso a la salud, a la justicia, al matrimonio, a la participación política y, sobre todo, por el derecho a existir sin miedo.
La evolución también alcanzó a la política. En México y en Coahuila todavía son pocos los políticos que han decidido declararse abiertamente homosexuales. Cuando alguno lo hace, no debería verse como un acto de morbo ni como una estrategia de comunicación, sino como el ejercicio de un derecho que cualquier ciudadano tiene: vivir su identidad sin esconderla. Al mismo tiempo, esa apertura no debe convertirse en un privilegio político. Los servidores públicos deben ser evaluados por su capacidad, honestidad y resultados, nunca por su orientación sexual.
También es un error cuando los políticos buscan a la comunidad LGBT+ como una estrategia electoral. En tiempos de campañas aparecen candidatos que descubren el llamado «voto rosa», acuden a marchas, prometen agendas de inclusión y buscan fotografías con activistas; sin embargo, una vez terminada la elección, muchos de esos compromisos desaparecen. La inclusión no puede limitarse a un mes del año ni a un discurso de campaña: debe reflejarse en políticas públicas, presupuestos y oportunidades reales.
Quizá el siguiente paso también sea una reflexión para la propia comunidad. Hoy existen más de una marcha y distintas expresiones del Pride en Torreón. La pluralidad es parte de cualquier movimiento democrático, pero los derechos conquistados siempre han sido más fuertes cuando la voluntad de quienes los impulsan logra sumar esfuerzos en lugar de dividirlos.
Tal vez el mayor triunfo llegue el día en que ya no sea necesario marchar para exigir respeto; cuando nadie tenga que explicar a quién ama para aspirar a un cargo público, conseguir un empleo o caminar por la calle sin miedo. Ese día, las etiquetas perderán importancia porque la igualdad habrá dejado de ser una demanda para convertirse en una realidad. Pero también será importante recordar que ninguna causa avanza cuando se fragmenta. Con el paso de los años han surgido diferencias, liderazgos e incluso intereses políticos que han impulsado marchas paralelas, cuando el verdadero legado de pioneras como Lorena Charles fue demostrar que la unidad da más fuerza que el protagonismo. Porque los derechos no pertenecen a un grupo ni a una organización: pertenecen a todas las personas, y su defensa siempre será más poderosa cuando une en lugar de dividir.
PREGUNTAS OFICIOSAS
¿Las Superpoderosas ya le quitaron los poderes a La Todopoderosa?
Las transiciones políticas también se notan en los elevadores. Este viernes comenzaron a aparecer en la Presidencia Municipal rostros del equipo cercano a Miguel Riquelme. En los ya famosos pasillos de tablaroca, la escena que más comentarios provocó fue la llegada de tres mujeres que algunos empleados no tardaron en bautizar como «Las Superpoderosas». Según versiones de personal del Ayuntamiento, fueron recibidas por Angelina García, conocida entre la burocracia como «La Todopoderosa», jefa de la Oficina del Alcalde y una funcionaria que ha sobrevivido a varias administraciones, desde los tiempos de Jorge Zermeño hasta el gobierno de su tío, Román Alberto Cepeda. De acuerdo con esas versiones, durante la reunión se le habría solicitado desocupar las oficinas de Gestoría, Relaciones Públicas, la Secretaría Particular y el despacho que actualmente ocupa. En política, cuando empiezan a mover los muebles, normalmente el nuevo acomodo ya comenzó.
Lo más llamativo es que, mientras Las Superpoderosas recorrían el séptimo piso, varios de los principales directores parecían haber descubierto el superpoder de la invisibilidad. En plena operación de relevo, pocos —o casi ninguno— fueron vistos en la Presidencia. Hay quien habla de prudencia; otros de reuniones estratégicas; y los más maliciosos aseguran que algunos activaron el «modo fantasma» antes de que alguien les pidiera las llaves de la oficina. Porque en el Ayuntamiento las transiciones no arrancan cuando cambian el organigrama, sino cuando La Todopoderosa recibe visita, Las Superpoderosas inspeccionan despachos y más de uno empieza a preguntarse si el elevador todavía lo llevará al mismo piso el próximo lunes.
¿Quién asustó más al gerente: las lideresas o #LadyFugas?
Mientras en la Presidencia Municipal el ambiente es de mudanzas políticas, en Simas Torreón también se respira tensión… casi tan espesa como el agua turbia que, según usuarios, sale de algunos pozos. Este viernes llegó un grupo de lideresas para exigir hablar con el gerente Roberto Escalante. Cuentan que salió a recibirlas de inmediato porque creyó que se trataba de su jefa de prensa, mejor conocida en los pasillos como #LadyFugas. La confusión duró apenas unos segundos, pero, dicen, fue suficiente para que el gerente acelerara el paso.
Al final no era #LadyFugas, sino un grupo de lideresas que buscaba descuentos en sus recibos, pese a las constantes quejas por el servicio de agua. Según comentan, el gerente accedió sin mayor problema. Y es que, en tiempos de transición política, nadie quiere abrir un frente más de conflicto. Porque uno nunca sabe dónde va a terminar… y, por si acaso, más vale conceder un descuento que ganarse otro problema.
La primera baja de la nueva etapa: ¿Se acabó la era de #LordFragmentado?
Dicen que uno cosecha lo que siembra. Y si algo llamó la atención este viernes en los pasillos de la Presidencia Municipal de Torreón fue el ambiente que, según versiones, provocó la presunta salida del director de Comunicación Social, Yohan Uribe, conocido como #LordFragmentado. Nadie debería alegrarse porque una persona pierda su trabajo, pero cuentan que la noticia generó más comentarios y sonrisas que el propio triunfo de la Selección Mexicana. Quienes durante meses cuestionaron su estilo de operar, su relación con algunos medios y la estrategia de comunicación institucional aseguran que el relevo era cuestión de tiempo.
Las versiones también sostienen que Yohan Uribe habría sido el primer funcionario cercano a la administración cepedista en recibir las gracias desde el martes, aunque continuó presentándose a su oficina hasta este viernes. En el primer piso se comenta que una de sus prioridades habría sido dejar en orden diversos pendientes administrativos relacionados con sus supuestos portales digitales y con la facturación de proyectos surgidos durante poco más de un año al frente de Comunicación Social. Otros aseguran que, una vez fuera del Ayuntamiento, Uribe podría dar trabajo en esos mismos portales, que podrían convertirse en el nuevo destino laboral de algunos funcionarios y actores políticos que, en distintos momentos, contrataron sus servicios como consultor, estratega u operador político, entre ellos #LadyFugas, Temu y Fayuca, quien podría ser la próxima jefa de Información.
Por si fuera poco, tampoco faltan las versiones sobre quién ocuparía la Dirección de Comunicación Social. Los nombres van y vienen todos los días. Algunos apuestan por perfiles técnicos; otros por operadores políticos con experiencia; y no falta quien, entre bromas, diga que «hasta ChatGPT lo podría hacer». También se comenta que la decisión no habría provenido directamente del equipo del próximo alcalde interino, sino de otros actores con peso político. Porque, al final, en Torreón la Dirección de Comunicación Social nunca ha sido solamente una oficina que redacta boletines. Es una posición estratégica desde la que se decide quién tiene micrófono, quién aparece en la fotografía, quién conserva un convenio publicitario… y quién, simplemente, desaparece del encuadre.


