
Coahuila y la humildad “modo Paris Hilton”

En la política mexicana ya no basta con hacer campaña. Ahora también hay que seguir importándoles madre el qué dirán cuando se hace el ridículo. Y entre más artificial parezca el personaje, más producción le meten. Una especie de reality show donde todos quieren verse “pueblo”, aunque huelan más a sala VIP que a autobús público destartalado en hora pico. Algo así como cuando a Paris Hilton una fan mexicana le gritó “¡Eres humilde, mi chiquita!”, mientras bajaba rodeada de lujo y cámaras. La semana dejó escenas dignas de TikTok político. Por un lado apareció el líder priista nacional Alito Moreno en Coahuila, recorriendo mercados de Saltillo después de presumir comilonas con su séquito de priistas nacionales y operadores locales. Todo bajo la clásica narrativa de “venir a conectar con la raza”. El problema es que cuando un político llega rodeado de fotógrafos, operadores, por momentos ni las moscas querían acercársele, pero también hubo gente gritándole “jefe” y demeritando a Morena, la espontaneidad dura menos que una promesa de campaña. Dicen incluso que casi faltaba el doctor de la belleza cargando las jeringas de toxina botulínica por si el calor electoral aflojaba el rostro. Entre saludos, gritos y porras improvisadas, una frase terminó robándose el momento: “¡Nos lo vamos a clavar bonito!”. Y ahí fue cuando medio internet se preguntó si hablaban de estrategia electoral… o del presupuesto. Más que un ejercicio de apoyo al priismo coahuilense, pareció un recorrido para colgarse del último gran bastión priista del país o venir a estudiar cómo sobrevivir rumbo al 2027. Porque ése es el problema de la vieja política: ya ni siquiera necesita oposición; a veces se hunde sola con el audio abierto. Coahuila sigue siendo ese extraño laboratorio donde algunos políticos nacionales todavía sienten que los quieren. Aunque muchas veces no sea cariño… sino estructura, costumbre o simple supervivencia política. El último bastión priista todavía produce escenas donde dirigentes nacionales llegan como rockstars regionales, aunque afuera de la burbuja la percepción social sea mucho menos romántica.
Y mientras Alito intentaba verse cercano al pueblo, del otro lado del espectáculo apareció en la Ciudad de México el senador de Morena, Gerardo Fernández Noroña, subiéndose al Metrobús como si acabara de descubrir el transporte público. Claro, casualmente grabado. Casualmente con escoltas. Casualmente con espacio alrededor. Casualmente en modo documental de humildad. Porque en la política moderna la austeridad también necesita producción audiovisual. Las redes no lo perdonaron. Algunos usuarios resumieron perfectamente el momento: “Qué divertido usar Metrobús con cuatro guaruras… así cualquiera”. Y sí, ése es justamente el problema de la humildad performativa: cuando necesitas camarógrafo para demostrar sencillez, probablemente ya no es sencillez. Más todavía cuando la realidad patrimonial cuenta otra historia. En sus declaraciones públicas, Noroña ha reportado camionetas Volvo XC90 de lujo, una adquirida en aproximadamente 650 mil pesos y otra superior al millón y medio. Pero además, cuando ha estado en gira por Coahuila acompañado por su guía de turismo, Shamir Fernández, operadores locales como Shamir Fernández, el discurso “a ras de tierra” ha terminado viajando en avión privado. La contradicción no pasó desapercibida desde aquella gira donde el senador recorrió Torreón, Francisco I. Madero, Piedras Negras y Acuña en aeronave privada mientras promovía cercanía con el pueblo. Pero al inicio de las campañas en Coahuila sí mostró humildad: terminó pagando un desayuno buffet para periodistas en La Majada, luego de que los anfitriones políticos, Shamir y Attolini, prácticamente dejaran la cuenta flotando. Hasta la humildad VIP tiene límites presupuestales.
La política mexicana descubrió que el ciudadano ya no vota solamente por propuestas; también consume personajes. Por eso unos se disfrazan de barrio, otros de influencers y otros de revolucionarios con Volvo rojo. Y en Coahuila la campaña también está dejando otro fenómeno: el político desesperado por parecer divertido. Ahí aparece Antonio Attolini Murra, quien entiende perfectamente los tiempos del reflector digital. Bailes, videos, poses, TikToks y dinámicas donde a veces parece más importante el algoritmo que el discurso legislativo. La elección del Distrito 09 también se juega en redes sociales y Attolini lo sabe. El detalle es que en esta ocasión terminó arrastrando al escenario a Ricardo Mejía Berdeja, su nuevo protector, quien protagonizó uno de esos momentos que internet convierte automáticamente en meme. El famoso “baile del triunfo” terminó pareciendo más bien una pelea contra el ritmo. O como un tío intentando encajar en una fiesta de universitarios después de dos refrescos con piquete. Para Mejía Berdeja esto tampoco es nuevo. Desde que dividió el voto de la 4T buscando la gubernatura de Coahuila por el PT, las redes lo persiguen cada vez que intenta verse relajado. Todavía pesan las burlas por aquellos TikToks bailando “Gatita” de Bellakath mientras intentaba conectar con electores jóvenes. “El Tigre”… pero con dos pies izquierdos.
Y ahí está resumida buena parte de la política actual: dirigentes bailando forzadamente, senadores grabándose siendo “humildes”, líderes partidistas intentando hablar como barrio y operadores creyendo que una coreografía sustituye el desgaste ciudadano. Y eso que todavía falta media semana para que terminen las campañas. Seguramente todavía veremos más personajes nacionales viniendo a Coahuila a “apoyar”… o a hacer el ridículo. Porque en tiempos electorales algunos políticos ya no hacen campaña. Hacen casting. Y mientras ellos buscan likes, el ciudadano sigue esperando algo mucho más complicado: resultados. Pero eso sí… para el ridículo electoral, nunca falta presupuesto.

PREGUNTAS OFICIOSAS
¿Apoyo social… o estructura política desde el sindicato?
Entre trabajadores del área de Parques y Jardines del sindicato minoritario del Ayuntamiento de Torreón comenzó a circular un mensaje sobre un programa de apoyo para adquirir tinacos e impermeabilizante a bajo costo a través del sindicato. Aunque oficialmente se presenta como una gestión de beneficio social, dentro del ambiente laboral ya comenzaron los comentarios y sospechas sobre el posible trasfondo político detrás de este tipo de apoyos, justo en momentos donde empiezan a moverse estructuras rumbo al proceso electoral.
Versiones compartidas entre los propios trabajadores señalan que integrantes del comité sindical estarían promoviendo el programa presuntamente ligado a funcionarios de primer nivel, e incluso algunos empleados aseguran que el beneficio podría estar relacionado con generar simpatía hacia el PRI. Hasta el momento no existe evidencia pública de un condicionamiento electoral, más allá de capturas de WhatsApp y comentarios internos; sin embargo, el tema ya abrió la discusión entre sindicalizados sobre dónde termina la ayuda social… y dónde comienza la operación política.
¿Y si gana… hará lo mismo que supuestamente pasó en el IMSS?
En el Distrito 10 ya no solo se discuten propuestas; también comienzan a pesar las historias personales que rodean a algunos candidatos. Sobre Abraham Pérez, candidato del PAN por el Distrito 10, muchos todavía se preguntan: ¿quién es realmente el “ciudadano” que hoy busca el voto? Algunos lo recuerdan por su cercanía con Sergio Lara cuando éste impulsó su proyecto ciudadano, mientras otros lo ubican por vínculos cercanos con sectores ligados al clero del Cerro de las Noas. Sin embargo, alrededor del hoy candidato panista siguen circulando versiones relacionadas con la presunta pérdida de su plaza en el IMSS por acumulación de faltas, un tema que dentro del ambiente sindical todavía genera comentarios y cuestionamientos.
Porque en política la percepción también pesa. Y entre algunos ciudadanos ya comenzó a surgir una pregunta incómoda: en un escenario hipotético de llegar al Congreso, ¿mantendría disciplina y compromiso con el cargo… o terminaría repitiendo los mismos patrones que supuestamente le costaron su lugar laboral? En tiempos electorales, hasta el pasado termina entrando a campaña.
