Museos de papel: Torreón comienza a perder su identidad

La cultura suele ser una de las primeras víctimas cuando la política privilegia la fotografía sobre el mantenimiento. En Torreón, cada vez son más frecuentes las observaciones de visitantes que recorren los museos municipales y salen con una sensación de desencanto. Las críticas no provienen de adversarios políticos ni de grupos organizados. Surgen de familias, estudiantes, turistas y ciudadanos que acuden a estos espacios esperando conocer la historia de la ciudad y terminan encontrándose con instalaciones que, según sus testimonios, muestran signos evidentes de desgaste, falta de mantenimiento y abandono.

El caso más mencionado es el Museo del Algodón. Concebido como uno de los proyectos emblemáticos del centenario de Torreón, fue diseñado para narrar la historia de la actividad económica que dio origen al desarrollo de La Laguna. Sus recursos interactivos, audiovisuales y museográficos buscaban acercar el pasado regional a nuevas generaciones. Sin embargo, visitantes señalan que gran parte de esos elementos han dejado de funcionar o simplemente desaparecieron con el paso de los años. Lo que alguna vez fue una experiencia dinámica y educativa parece haber perdido buena parte de su atractivo original. Pantallas apagadas, interactivos fuera de servicio y espacios que antes sorprendían a niños y jóvenes hoy forman parte de las principales quejas de quienes recorren el recinto.

Pero el problema no se limita a un solo museo. El Instituto Municipal de Cultura y Educación (IMCE) tiene bajo su responsabilidad el Museo del Algodón, Museo de la Moneda, Museo del Ferrocarril, Casa del Cerro, Canal de la Perla y Casa Mudéjar. Cada uno cumple una función distinta dentro de la memoria histórica de Torreón. Son espacios que deberían ser la carta de presentación de la historia lagunera y, sin embargo, son precisamente esos lugares los que hoy generan cuestionamientos entre quienes los visitan.

Las observaciones de los visitantes coinciden en varios puntos: equipos fuera de servicio, mantenimiento insuficiente, museografías que requieren actualización y una experiencia que parece haberse quedado detenida en el tiempo. Lo más preocupante es que las críticas provienen de ciudadanos que recuerdan lo que estos recintos fueron durante sus mejores años y que hoy perciben una pérdida gradual de calidad.

La interrogante adquiere mayor relevancia cuando se revisan las cifras oficiales. Para 2026, el Instituto Municipal de Cultura y Educación cuenta con un presupuesto cercano a los 80 millones de pesos. Además, el organismo presentó un plan cultural que contempla fortalecer la infraestructura cultural, preservar el patrimonio histórico y mantener activos museos, bibliotecas y centros culturales. Si los recursos existen, resulta legítimo preguntar cuánto se destina específicamente al mantenimiento, actualización tecnológica y conservación de los museos municipales.

Y aquí aparece otro actor que difícilmente puede quedar fuera de la discusión: Antonio Méndez Vigatá, director del Instituto Municipal de Cultura y Educación. Mientras las quejas de los visitantes aumentan y los museos acumulan necesidades evidentes de mantenimiento, actualización y conservación, dentro del propio sector cultural comienzan a preguntarse dónde está la cabeza responsable de la política cultural municipal. Durante las últimas semanas, diversas voces aseguran haber visto con mayor frecuencia al funcionario participando en actividades relacionadas con las campañas de candidatos a diputados locales. Quienes lo conocen sostienen que su presencia responde más a compromisos inherentes a su posición dentro de la administración que a una auténtica vocación partidista. Sin embargo, la percepción ciudadana poco distingue entre obligación y convicción.

Lo que observa la ciudadanía es que mientras los museos enfrentan equipos fuera de servicio, interactivos descompuestos y museografías envejecidas, no se conocen acciones contundentes para revertir el deterioro de los recintos. Por ello la pregunta resulta inevitable: ¿cuándo fue la última vez que Antonio Méndez Vigatá recorrió personalmente cada uno de los museos municipales para evaluar sus condiciones? ¿Existe un diagnóstico público sobre el estado de sus instalaciones, acervos y equipamiento? Porque cuando los ciudadanos hablan más de la presencia política de un funcionario que de los resultados de su gestión cultural, algo claramente no está funcionando.

Mientras tanto, otra instancia que tampoco puede deslindarse es el propio Cabildo de Torreón. La Comisión de Educación, Arte, Cultura y Deporte tiene la responsabilidad de proponer, analizar, vigilar y dictaminar las políticas públicas relacionadas con la cultura. Está integrada por Diego Ontiveros Rentería, María del Socorro Aguilar Pérez, Jennifer Miroshlava Muñoz Rivas, Guadalupe Martínez Barraza y Luis Alberto Ortiz Zorrilla. Más allá de colores partidistas, todos comparten una responsabilidad común: supervisar que los recursos destinados a la cultura se traduzcan en resultados visibles para la ciudadanía.

Y aquí surge una pregunta particularmente incómoda para los integrantes de oposición. Si las quejas de los visitantes son cada vez más frecuentes, ¿cuántas inspecciones han realizado a los museos municipales? ¿Qué informes han solicitado al IMCE? ¿Qué observaciones han presentado sobre el estado de conservación de los recintos? ¿Han impulsado revisiones específicas sobre la aplicación de los recursos destinados a cultura? Porque la función de un regidor no termina al levantar la mano en una sesión de Cabildo. También implica fiscalizar, cuestionar y vigilar que el patrimonio histórico y cultural de Torreón no se deteriore ante la indiferencia institucional.

A ello se suma otra inquietud que circula dentro del sector cultural. Mientras varios museos muestran necesidades evidentes de actualización, el municipio mantiene su apuesta por proyectos como el Centro Cultural del Norte, una obra que acumula retrasos y cuya conclusión sigue sin una fecha definitiva. La pregunta es sencilla: ¿tiene sentido seguir ampliando infraestructura cultural cuando algunos espacios existentes requieren atención urgente?

La situación también recuerda el caso del Centro Cultural Jabonera, un complejo que nació con grandes expectativas para acercar actividades artísticas a sectores populares, pero que continúa enfrentando cuestionamientos sobre el aprovechamiento de sus instalaciones y la regularidad de su programación. Porque construir nuevos espacios siempre genera titulares. Mantener vivos los existentes requiere trabajo diario.

Quizá ha llegado el momento de realizar una revisión integral de la política cultural municipal. No solamente de los edificios, sino también de las prioridades. Porque la cultura no se mide por la cantidad de eventos inaugurados ni por los anuncios de nuevas obras. Se mide por la capacidad de conservar el patrimonio que ya existe y ponerlo al servicio de la ciudadanía.

Torreón posee una historia extraordinaria. Una historia construida por el ferrocarril, el algodón, la migración, el comercio y el esfuerzo de generaciones enteras. Esa historia merece espacios dignos para ser contada, preservada y compartida.

Porque cuando una ciudad descuida sus museos, no solamente deteriora edificios.

Deteriora su memoria.

Y cuando una ciudad pierde la memoria, también comienza a perder parte de su identidad.

☕ PREGUNTAS OFICIOSAS

¿La plana mayor del Ayuntamiento en campaña?

El cierre de campaña de Felipe González dejó una imagen que llamó la atención de más de uno. Entre los asistentes fueron identificados Luis Morales Cortés, Antonio Méndez Vigatá, Cristian López, Roberto Escalante, Ariel Martínez y Yohan Uribe, además de personal de Logística y Giras del Ayuntamiento de Torreón y colaboradores de distintas áreas municipales. La presencia de tantos funcionarios en un mismo evento generó una pregunta inevitable: ¿se les verá con el mismo entusiasmo en los cierres del resto de los candidatos?

Mientras tanto, también surgieron comentarios sobre el manejo de la comunicación en la administración municipal. Los rumores y especulaciones en torno al alcalde volvieron a crecer en redes sociales sin una postura oficial clara que fijara la narrativa. Sin embargo, ese tema merece análisis aparte y lo abordaremos el próximo lunes. Lo cierto es que cuando gran parte de una estructura gubernamental aparece reunida en una misma fotografía, las lecturas políticas son inevitables.

¿Comida casual… o mensaje político en la mesa?

Este viernes, en el restaurante La Única, una mesa llamó la atención de más de un mesero con vocación de analista político. Ahí coincidieron el senador Miguel Riquelme, recién llegado de una jornada maratónica en el Senado, junto a quien fuera su jefe de Comunicación Social durante su gobierno, Fernando Simón Gutiérrez Pérez, mejor conocido como «El Guttys». Los acompañaban integrantes del llamado Grupo Saltillo, entre ellos Diego y Gabriel. Nada fuera de lo común… salvo que en política las coincidencias rara vez son casualidad.

Entre platos, café y conversaciones discretas, surgieron inevitablemente las especulaciones. Más aún porque el encuentro ocurrió en un espacio que muchos identifican como territorio cercano al grupo político de los Cepeda. Los meseros comentaban en voz baja si se trataba simplemente de una reunión de amigos o de una fotografía cuidadosamente calculada para enviar señales. Porque en política no solo importa lo que se dice en la mesa; también quién se sienta en ella, quién observa desde fuera y quién se asegura de que todos sepan que estuvo ahí. Al final, una comida dura un par de horas, pero una fotografía puede sobrevivir durante semanas en columnas políticas y grupos de WhatsApp.

¿Conferencia de prensa… o ajuste de cuentas electoral?

Quienes prefirieron evitar los restaurantes y desempolvar oficinas que pocos recordaban que existían fueron los candidatos de Morena Torreón, acompañados por su dirigente estatal, Diego del Bosque. Ahí, cada uno expuso las presuntas irregularidades y «travesuras» que aseguran haber enfrentado durante la campaña. Sin embargo, lo que más llamó la atención fue la encuesta presentada por Antonio Attolini, quien presumió una ventaja sobre Verónica Martínez. Entre los observadores políticos tampoco pasó inadvertido que la empresa que realizó el estudio es señalada por sus presuntos vínculos con el grupo político de Tamaulipas, donde figura Américo Villarreal Santiago, delegado de Bienestar en Coahuila y esposo de la senadora Cecilia Guadiana.

Mientras tanto, otro que prepara rueda de prensa es Jimmy Veloz, candidato de Movimiento Ciudadano en el Distrito 11. Pero entre algunos reporteros ya circula una preocupación menos política y más gastronómica. Desde que Morena realizó ahí uno de sus primeros eventos, varios recuerdan que la cortesía fue bastante limitada; y tras otro encuentro de Movimiento Ciudadano, algunos aseguran que ni siquiera fueron considerados. Con la llegada de más conferencias, hay quienes ya no preguntan quién va ganando la elección, sino quién pagará esta vez el desayuno.

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