Morena se lame sus heridas

Durante meses, Morena creyó que esta vez sería diferente. Coahuila era la única elección local del país en 2026. No había campañas simultáneas en otras entidades que dispersaran recursos, operadores o atención política. Llegaron figuras nacionales, se involucró la dirigencia del partido, el entonces secretario de Organización de Morena, Andy López Beltrán, en la operación política. Y tras crear un desmadre como en Durango, dejó botada la elección para regresar a Tabasco. Le dejó toda la chamba a la nueva presidenta de Morena, Ariadna Montiel, y en una de esas hasta fuego amigo ante el destierro obradorista de la nueva dirigente, que aterrizó en el estado para enfrentar lo que terminó convirtiéndose en la primera derrota electoral relevante de la era claudista. La apuesta era clara: convertir a Coahuila en una demostración de fuerza del movimiento encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum.

Paradójicamente, dentro del propio priismo lagunero predominaba más la preocupación que el exceso de confianza. Conforme avanzaban las campañas, numerosos operadores y cuadros del propio PRI de Torreón consideraban que Morena tenía posibilidades reales de complicar la elección en varios distritos. Se llegó a hablar de escenarios donde la alianza oficialista podría perder hasta tres posiciones en La Laguna. El Distrito 11 aparecía constantemente como uno de los focos rojos debido a la candidatura de Fernando Hernández, operador territorial de Morena en Coahuila, respaldado por la estructura política de su esposa, la diputada federal Cintia Cuevas.

Las urnas dijeron otra cosa.

Con una participación cercana al 48 por ciento y alrededor de 700 mil votos para la Alianza Ciudadana por la Seguridad (PRI-UDC), la coalición oficialista ganó los 16 distritos de mayoría relativa. Morena y PT no lograron conquistar un solo distrito. Con más del 65 por ciento de las actas computadas, la tendencia mostraba una ventaja cercana de tres a uno para la alianza encabezada por el PRI.

Los números ayudan a dimensionar el tamaño del golpe. En la elección para gobernador de 2023, la alianza encabezada por Morena superó los 440 mil votos en Coahuila. Sin embargo, tres años después, con toda la atención nacional puesta en el estado, la alianza PRI-UDC acumuló alrededor de 684 mil votos (55%), mientras Morena-PT sumaron poco más de 326 mil sufragios (26%). La diferencia superó los 350 mil votos y confirmó que Morena sigue sin encontrar la fórmula para convertir su fuerza nacional en una estructura territorial competitiva en Coahuila.

La Región Laguna se convirtió en uno de los mejores ejemplos de lo ocurrido. Los cuatro distritos de Torreón terminaron en manos de la alianza oficialista. Lo que se anticipaba como una elección competida terminó siendo una demostración de la capacidad de operación territorial del PRI.

Quizá el caso más representativo fue el Distrito 11. Durante semanas fue presentado como uno de los distritos más riesgosos para el PRI. Sin embargo, el resultado terminó siendo exactamente el contrario. De acuerdo con cifras reportadas por el equipo de Hugo Dávila, la votación superó los 36 mil 500 sufragios, rebasando ampliamente el histórico de aproximadamente 30 mil votos que se consideraba la referencia electoral de ese distrito. La diferencia se acercó a una proporción de tres a uno frente a Morena.

Además del trabajo territorial realizado por Hugo Dávila, diversos actores priistas reconocen la participación de Ernesto Cepeda en la movilización y operación electoral. La combinación entre estructura, presencia en territorio y una campaña enfocada en temas locales terminó construyendo una ventaja que fue creciendo conforme avanzó la jornada electoral.

Algo similar ocurrió en el Distrito 9. La fórmula encabezada por Verónica Martínez y Lorena Safa se vio beneficiada por una operación política donde distintos grupos del priismo trabajaron de manera coordinada. Entre ellos destacó la influencia política del senador Miguel Ángel Riquelme.

En el Distrito 10, Rocío «Pily» de Aguinaga llegó respaldada por la operación política de su esposo, Shamir Fernández. Sin embargo, los resultados terminaron favoreciendo a Felipe González. Dentro del priismo existe la percepción de que en ese distrito operó prácticamente todo el gabinete político cercano a Román Cepeda, además de liderazgos territoriales que cerraron filas alrededor de la candidatura priista.

La derrota también tiene nombres propios. Para Antonio Attolini Murra representa una nueva derrota en una elección de mayoría relativa y, a diferencia de procesos anteriores, esta vez no cuenta con una posición plurinominal asegurada. Del otro lado, Pily de Aguinaga suma una segunda derrota consecutiva en una contienda por una diputación local, aunque mantiene posibilidades de llegar al Congreso mediante la representación proporcional.

Conforme avanzó la noche ocurrió otro fenómeno. Muchos de los liderazgos que durante semanas dominaron las redes sociales desaparecieron de la conversación pública. Fernando Hernández guardó silencio. Cintia Cuevas redujo notablemente su actividad relacionada con la elección. El dirigente estatal de Morena, Diego del Bosque, tampoco tuvo mucho margen para presumir resultados.

Ni siquiera Ricardo Mejía Berdeja se había pronunciado durante las primeras horas posteriores a la derrota. Hasta la tarde del lunes finalmente «maulló», denunciando presuntas irregularidades y asegurando que «el viejo régimen sigue operando con las mismas mañas de siempre».

Otro que tampoco se pronunció de manera directa fue el senador Luis Fernando Salazar, quien optó por mantener presencia en redes sociales sin entrar de lleno al análisis de los resultados.

En contraste, Antonio Attolini Murra fue uno de los pocos que salió a reconocer públicamente la derrota. La senadora Cecy Guadiana, por su parte, compartió una reflexión que muchos interpretaron como uno de los primeros ejercicios de autocrítica interna tras la elección. Su frase sobre que «no existe compra de votos sin venta de votos» abrió un debate dentro y fuera de Morena.

Pero más allá de las reflexiones públicas, la verdadera discusión dentro de Morena apenas comienza. La derrota cerró una batalla electoral, pero abrió otra mucho más importante: la disputa por las diputaciones plurinominales.

Al no ganar ninguno de los 16 distritos de mayoría, las posiciones de representación proporcional se convirtieron en el principal botín político disponible. Los grupos de Cecilia Guadiana, Luis Fernando Salazar, Ricardo Mejía Berdeja, Antonio Attolini, Pily de Aguinaga y Fernando Hernández ya comienzan a medir fuerzas rumbo a la integración de la próxima Legislatura.

Porque la elección terminó el domingo. Pero la pelea por el futuro de Morena en Coahuila apenas comienza. Ahora llega la etapa más complicada: repartir responsabilidades por la derrota, medir el peso real de liderazgos como Diego del Bosque, Luis Fernando Salazar y Ricardo Mejía Berdeja, y definir quién cobrará las posiciones plurinominales que quedaron como premio de consolación para una oposición que volvió a quedarse lejos del poder.

PREGUNTAS OFICIOSAS

¿El relevo silencioso?

El fallecimiento de Román Alberto Cepeda abrió un capítulo inédito en la vida política y administrativa de Torreón. Más allá de las diferencias partidistas, la ciudad enfrenta ahora el reto de garantizar la continuidad institucional en uno de los momentos más sensibles de los últimos años. Mientras el primer regidor, Luis Jorge Cuerda, permanece al frente del despacho de la Presidencia Municipal para asegurar la operación cotidiana del Ayuntamiento, la atención política se concentra en el Congreso de Coahuila, instancia que deberá designar al alcalde interino a partir de la terna que presente el PRI. Aunque existen interpretaciones sobre los tiempos legales para realizar el nombramiento, versiones consultadas señalan que la legislación no establece un plazo fatal específico, aunque algunos criterios consideran un margen cercano a los 15 días para concretar el procedimiento.

En medio de este proceso también podrían activarse movimientos menos visibles, pero igualmente relevantes. Si Luis Jorge Cuerda permanece separado de sus funciones edilicias mientras atiende las responsabilidades de la Presidencia Municipal, su suplente, «Pepé» Ganem, tendría la posibilidad legal de reincorporarse al Cabildo. No se trataría de una negociación política extraordinaria, sino de un ajuste institucional previsto por la ley para mantener la integración y funcionamiento del órgano de gobierno municipal. Mientras se define quién encabezará formalmente la administración de Torreón, la prioridad será preservar la gobernabilidad, la continuidad de los servicios públicos y la certeza jurídica en una etapa donde cada decisión tendrá repercusiones políticas rumbo a 2027.

¿Se acabó la competencia contra Morena… o apenas comienza dentro del PRI?

La elección terminó y dejó una sensación que pocos dentro del PRI Torreón quieren admitir en voz alta: la competencia contra los de enfrente parece haberse agotado. Con el triunfo electoral aún fresco, algunos liderazgos laguneros ya no parecen concentrados en Morena, sino en la disputa interna por la narrativa de quién hizo más campaña, quién marcó agenda y quién tiene derecho a encabezar el proyecto rumbo a 2027.

La conversación exhibida en redes sociales deja entrever una competencia que va más allá de una simple fotografía. Bajo la premisa de cumplir compromisos de campaña, Hugo Dávila inició su gira de agradecimiento entregando una silla de ruedas especial a un menor. Seis horas después, Verónica Martínez realizó una acción similar al entregar una silla de ruedas a un adulto, acompañada por su compañera de fórmula, Lorena Safa, quien podría asumir la diputación local en caso de que Martínez decida regresar a San Lázaro. Del lado de las triunfadoras virtuales del Distrito 09 apareció un elemento curioso: la sombrilla utilizada para protegerse del intenso sol lagunero.

Más allá de la coincidencia, la discusión parece centrarse en quién influye más, quién impone temas y quién logra mayor visibilidad pública. Cuando la batalla se traslada de las urnas al terreno de los egos, el adversario deja de estar enfrente y comienza a sentarse en la misma mesa. Mientras Morena intenta explicar una nueva derrota en Coahuila, en el PRI algunos ya parecen mirar más hacia la sucesión de 2027 que hacia la oposición.

Porque cuando la conversación gira en torno a quién copió a quién, quién llegó primero o quién marcó tendencia en redes sociales, quizá la verdadera competencia electoral ya terminó. Y esta vez no es contra Morena, sino dentro del propio grupo ganador.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *