A un mes del regreso de Riquelme: el que no lo entienda…

A un mes del regreso de Miguel Riquelme, el nuevo círculo del poder toma forma mientras el cepedismo y el Grupo Torreón buscan voz rumbo a 2027. “Y el que no lo entienda es un pendejo”. Así describió alguien el momento político de Torreón, a un mes del regreso de Miguel Ángel Riquelme Solís a […]

A un mes del regreso de Miguel Riquelme, el nuevo círculo del poder toma forma mientras el cepedismo y el Grupo Torreón buscan voz rumbo a 2027.

Y el que no lo entienda es un pendejo”.

Así describió alguien el momento político de Torreón, a un mes del regreso de Miguel Ángel Riquelme Solís a la Presidencia Municipal.
En La Laguna, “pendejo” también señala a quien no sabe leer los tiempos o se niega a reconocer dónde está el poder.
Una voz priista lo resumió en privado: “En este momento lo correcto es dejarlos hacer lo que tengan que hacer y decidan… ellos son los que mandan. Uno no tiene la más mínima posibilidad”. Hoy Riquelme tiene el bastón, las firmas, el presupuesto y la última palabra.
Pero entender quién manda no obliga a convertirse en porrista. La misma voz precisó: “No por eso quiere decir que yo esté con ellos”. Esa es la diferencia entre prudencia y sumisión: reconocer la fuerza no exige entregar la conciencia.
Un mes es poco para exigir resultados, pero suficiente para escuchar mensajes. Riquelme no declara sólo para informar: cada frase delimita terrenos y advierte quién entra, quién sale y quién deberá esperar.
Cuando dice que “no venimos a experimentar”, rechaza curvas de aprendizaje. Cuando anuncia que incorporará “a los que saben”, define quién considera preparado. Y cuando asegura que con Gerardo Márquez ningún juicio “se le va a pelar”, confirma que busca reducir riesgos.
Todavía no puede afirmarse que Torreón se transformó. Las calles no se pavimentan con declaraciones, las tuberías no se reparan con fotografías y el drenaje, cuando colapsa, no pregunta si el agua negra pertenece al riquelmismo, al cepedismo o a Saltillo.
Pero el gobierno ya tiene tono. Los nombres también hablan.
Eduardo Olmos, en la Secretaría del Ayuntamiento, representa operación política, relación con el Cabildo y control institucional. Es la bisagra entre la administración de Román Cepeda y el nuevo mando: Riquelme instruye y Olmos conoce los engranes.
La llegada del exfiscal Gerardo Márquez Guevara a la Consejería Jurídica envió otra señal: los asuntos legales dejarán de andar dispersos.
El Municipio deberá enfrentar más de 500 conflictos laborales, además de juicios administrativos, mercantiles, constitucionales y patrimoniales. No todas prueban una actuación indebida; eso lo decidirán los tribunales. Pero el volumen amenaza al erario.
Márquez no recibió sólo una oficina: recibió una excavación de expedientes, despidos, reinstalaciones e indemnizaciones. Los funcionarios se equivocan, los abogados litigan y los ciudadanos pagan la cuenta.
Después apareció Xavier Herrera en la Gerencia General del SIMAS. Ya lo encabezó con Riquelme. Su regreso confirma que, ante una crisis, Miguel prefiere a quienes conocen su método.
Herrera recibió un sistema con problemas financieros, técnicos y operativos. Su diagnóstico cabía en dos palabras: “Todo urge”. Agua, drenaje, cárcamos, colectores, nómina y deuda. En el SIMAS no hay curva de aprendizaje; hay una tubería rota esperando al siguiente funcionario.
Así se dibuja el primer círculo: Olmos opera, Márquez blinda y Herrera intenta apagar el incendio con agua de un organismo que precisamente tiene problemas de agua.

Pero los cepedistas no desaparecieron.
El cepedismo no murió con Román Alberto Cepeda González. Murió su principal liderazgo, pero permanecieron relaciones, equipos territoriales y compromisos. Ahora buscan reorganizarse.
Entre los nombres aparece Ernesto “Neto” Cepeda Bremer, hijo del alcalde fallecido. No encabeza formalmente un grupo, pero conserva el peso emocional del apellido y experiencia como operador. Durante la elección local coordinó la campaña de Hugo Dávila Prado, quien reconoció su acompañamiento.
Neto podría vincular a quienes siguen identificados con Román. Su reto es demostrar que existe algo más que apellido y nostalgia: heredar afectos es sencillo; convertirlos en estructura exige caminar y decidir.
Hugo Dávila tiene experiencia, territorio y capacidad para dialogar con grupos municipales y estatales. Puede ser puente, operador o cabeza de un proyecto, según los tiempos.
También aparecen figuras más prudentes —o tibias, según quién prepare el café— como Felipe González, Ariel Martinez y Roberto Escalante.
Felipe llega como diputado electo con una votación considerable. Su prudencia puede comunicar grupos o convertirse en esa agua política que no hierve, pero tampoco alcanza para un espresso.
Roberto conserva relaciones y conocimiento de la estructura, aunque carga con el costo político de su salida del SIMAS. No puede atribuírsele responsabilidad sin resultados de auditorías, pero tampoco puede pretenderse que los problemas del organismo caben debajo de una alfombra.
Desde una zona menos visible aparece “Pepe” Ganem , exsecretario del Ayuntamiento. Su nombre sigue en las conversaciones del cepedismo, Quienes lo conocen dicen que entiende los tiempos: el silencio puede ser prudencia, cálculo o cuidado de la sombra.
Ninguno integra públicamente un frente formal ni puede afirmarse que todos caminen hacia la misma candidatura. Representan relaciones y sentimientos que no desaparecieron con Román.

Indignación desde el Grupo Torreón.

Existe algo más amplio que el cepedismo. EL Grupo Torreón. No es una organización registrada ni tiene estatutos. Es el sentimiento de priistas y operadores que consideran que la ciudad debe conservar voz propia y no limitarse a recibir decisiones tomadas desde Saltillo.
Algunos acompañaron a Román, otros trabajaron con distintas administraciones y varios estuvieron cerca de Riquelme. Comparten una sensación: la política los busca cuando necesita votos, estructura o defensa pública, pero después administra las puertas como si cada audiencia fuera una concesión.
El desencanto aparece sin rodeos: “Nos ignoran en todos lados”, reconoce una voz priista. Añade que “en el Municipio no nos quieren”, “en el estado tampoco nos pelan” y que “es feo sentirte como un mueble que no les importa dónde estés”.
No todos reclaman cargos: muchos piden una llamada, una explicación o la certeza de pertenecer al proyecto. Una cosa es aceptar que hoy mandan otros; otra es descubrir que la amistad sólo funcionaba cuando había elecciones, problemas o necesidad de llenar una plaza.
El remate parece humor negro, pero contiene tristeza política: “Moriré ignorado, pero priista”.
Los partidos rara vez pierden primero los votos. Antes pierden el entusiasmo y el sentido de pertenencia. El militante enojado reclama decepcionado guarda silencio y quizá siga votando por el PRI, pero deja de organizar la colonia, convencer al vecino y defender al gobierno. No cambia de partido: deja de cargarlo.
Escuchar no significa repartir cargos. Contestar una llamada tampoco entrega contratos ni recibir a un grupo obliga a compartir el bastón. Pero ignorar también manda un mensaje.
En los pasillos queda otra pregunta: si las puertas cerradas responden a Riquelme o a un círculo que administra audiencias, afectos y vetos en nombre del jefe. Alguien lo expresó así: “Si no es él, es su mecanismo visceral”.
La frase no demuestra una operación para excluir a los cepedistas o al Grupo Torreón, pero retrata una percepción. Y en política, las percepciones repetidas terminan convertidas en realidades electorales.
Riquelme fue designado para concluir la administración hasta el 31 de diciembre de 2027. No existe una nueva candidatura confirmada. Cada nombramiento, obra, declaración y conflicto resuelto será medido con una pregunta: ¿Riquelme sólo cierra la administración o también construye su continuidad?
Si mejora agua, drenaje, pavimento, servicios y finanzas, la candidatura comenzará a pronunciarse sola. Si crece un grupo de priistas leales tratados como muebles, también habrá consecuencias.

Y está Morena.

Mientras el PRI Torreón reorganiza su casa alrededor de un mando reconocible, la oposición guinda llega a 2027 entre corrientes, aspirantes y tribus que disputan la representación local. Eso no significa que Morena esté derrotada ni que sus votos hayan desaparecido, pero cada pleito interno le regala oxígeno al priismo.
El PRI aprovecha esa división, siempre que no confunda la fragmentación del adversario con entusiasmo propio. Ganar porque el rival se tropieza sirve para llegar primero; no necesariamente para gobernar mejor.
El bastón concede autoridad, pero no garantiza afecto.
El poder ordena; la política escucha.
Y el que no lo entienda… bueno, esa palabra ya fue colocada al principio.

¿QUIÉN SE VA, QUIÉN SOBREVIVE Y QUIÉN SIGUE ESPERANDO SILLA?

El relevo de José Manuel Riveroll por Juan Pérez en Salud Municipal no fue un movimiento aislado: fue otra señal de que Miguel Ángel Riquelme continúa revisando el organigrama y todavía no termina de ajustar cuentas, funciones y escritorios. Ya desapareció la Jefatura de Gabinete para dar paso a una Secretaría Técnica encabezada por Angelina García, sobrina de Selina Bremer. Sin embargo, dicen que este favor fue más por compromisos entre amigos, pues quien habría solicitado que fuera considerada es el empresario Memo Murra, cercano a los dos grupos políticos. También existen versiones sobre la salida de Miguel Ángel Zúñiga Chávez de Recursos Humanos y posibles movimientos en Egresos. Por ahora, estos últimos deberán confirmarse con nombramientos o bajas oficiales.
Mientras unos empacan, otros parecen haber descubierto el arte de sobrevivir. Versiones de pasillo señalan que Gerardo Reyes conservaría un espacio dentro de Inspección, pese a las críticas que presuntamente lanzó contra Riquelme durante la campaña de 2017.. Marcelo»Kiko» Sánchez , en cambio, seguía apareciendo públicamente como director de Medio Ambiente, y los cepedistas están contraatacando: tratan de debilitar para que Susana Estenss regrese a sustituirlo.
El caso más pintoresco sigue siendo el de Ariel Martínez Mendoza, cuya Jefatura de Gabinete ya desapareció, pero aseguran que continúa presentándose en las oficinas, incluso desde temprana hora, antes que los pastores disfrazados de inspectores, mientras espera la llamada del del séptimo piso y un posible aterrizaje en La Ola, Plazas y Mercados o cualquier dependencia donde todavía exista una silla. No hay confirmación de una nueva encomienda, pero el mensaje general resulta evidente: los cambios continúan y el organigrama todavía tiembla. En el Ayuntamiento hay quienes ya se fueron, quienes permanecen por utilidad y quienes siguen llegando a trabajar con la esperanza de que nadie les avise que su cargo también salió por la puerta.
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