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Editoriales de opinión de
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Ganem y Martha: ocho minutos, más detenidos y demasiadas barbas en remojo

Por Iván Corpus
No hubo música de película, capa negra ni una puerta giratoria de prisión. Tampoco hacía falta. A las 7:07 de la mañana de este domingo, José Elías “Pepe” Ganem Guerrero dejó de ser únicamente el exsecretario del Ayuntamiento que durante meses aparecía entre denuncias, señalamientos y conversaciones políticas para convertirse en un detenido formalmente registrado por autoridades federales. Ocho minutos después, a las 7:15, cayó su pareja, Martha Esther Rodríguez Romero. Y cuando parecía que el operativo terminaba ahí apareció un tercer personaje: José Feliciano Hernández Hinojo, “El Olimpo”, chofer, escolta y hombre cercano a Ganem, detenido a las 10:13 horas. La escena tenía todos los ingredientes de una entrada de villano de serie política.
Ganem y Martha fueron asegurados por elementos de la Policía Federal Ministerial en la privada Víctor Hugo, dentro de Residencial Galerías, en Torreón, de acuerdo con los datos difundidos del Registro Nacional de Detenciones. Ambos quedaron bajo jurisdicción federal. A diferencia de otros operativos de alto impacto en los que suelen participar corporaciones estatales o municipales, los reportes de este caso apuntan a un despliegue esencialmente federal, sin apoyo visible de fuerzas locales. Y aquello estuvo lejos de parecer una visita de rutina: la movilización habría comenzado alrededor de las 4:30 de la madrugada, con equipo táctico, decenas de agentes —algunas versiones hablan de alrededor de 40— y varias horas de presencia en la zona. Días antes incluso habían sido observados drones sobrevolando las inmediaciones del domicilio. El tamaño y duración del dispositivo muestran que no se trató de una diligencia improvisada.
Torreón tampoco fue el único punto. De manera simultánea, agentes federales catearon una propiedad atribuida a Ganem en Parras de la Fuente, que quedó asegurada y bajo sellos durante la mañana. Mientras en Residencial Galerías se ejecutaban las detenciones, la autoridad intervenía otro inmueble a más de cien kilómetros de distancia. La Fiscalía todavía no ha explicado públicamente qué buscaba en esa propiedad, qué aseguró en su interior ni cuál es su relación concreta con la causa penal. Pero el despliegue simultáneo en Torreón y Parras añade otra dimensión: detrás de las capturas hubo planeación, vigilancia previa y una operación coordinada.
La detención de “El Olimpo” vuelve todavía más interesante el rompecabezas. Hernández Hinojo no apareció de la nada este domingo. Su nombre ya figuraba en documentos y denuncias relacionadas con presuntas irregularidades dentro del Sistema Municipal de Aguas y Saneamiento de Torreón. En documentación incorporada al Sistema de Información Legislativa aparece un CFDI por 20 mil pesos a su favor y se le identifica como chofer y escolta de Ganem; también había figurado en nóminas municipales. Nada de eso acredita por sí solo un delito, pero cuando una persona previamente mencionada dentro de una denuncia termina detenida junto con quien encabezaba el círculo político al que estaba vinculada, el dato deja de ser decorativo.
Y hay una línea federal previa que ahora inevitablemente vuelve a cobrar relevancia. El 9 de julio, la FGR aseguró en Torreón un inmueble relacionado con ECO PISARI HM, proveedor recurrente del SIMAS. La empresa aparece vinculada públicamente con Luis Fernando Hoyos Ramírez y con integrantes de la familia Hoyos, entorno que además ha sido relacionado por parentesco con la esposa del diputado priista Felipe González Miranda. Entre 2023 y 2026, ECO PISARI obtuvo contratos cuyos montos máximos rondaron los 88 millones de pesos antes de IVA, principalmente para maquinaria y trabajos de desazolve. Sólo para 2026, SIMAS reconoció un contrato superior a 15 millones de pesos más IVA. Hasta ahora no existe confirmación oficial de que aquel aseguramiento y las detenciones de Ganem, Martha y “El Olimpo” pertenezcan a una misma investigación, pero el antecedente obliga a observar si ambas rutas terminan cruzándose alrededor de SIMAS, proveedores, contratos y antiguos operadores municipales.
Y ahí reaparece Luis Fernando Salazar. El senador lagunero sostiene que el 9 de junio de 2025 presentó documentación sobre presuntas irregularidades por más de 66 millones de pesos de recursos federales de Conagua destinados a rehabilitación hidráulica; el 13 de junio formalizó la denuncia ante la FGR y el 11 de julio la amplió. Una de las investigaciones vinculadas públicamente al caso fue identificada como FED/FEMCC/FEDHCIS-COAH/0000306/2025. Salazar asegura ahora que los cateos y órdenes de aprehensión de este fin de semana derivan de aquella investigación y que el objetivo es seguir la ruta del dinero para identificar posibles beneficiarios o socios. La denuncia federal existe; lo que falta es que la FGR confirme públicamente hasta dónde llega esa relación y qué hechos sustentaron cada orden judicial.
La coyuntura, de paso, cambia el escenario políticamente conveniente para Salazar. Apenas esta semana enfrentaba una crisis nacional por el “vamos a ir tras de ti” dirigido al periodista Enrique Acevedo, episodio que llegó hasta Palacio Nacional y terminó obligándolo a ofrecer disculpas. La detención de Ganem desplazó casi inmediatamente aquella conversación en Torreón y devolvió al senador al centro de la escena como uno de quienes reivindican haber denunciado desde 2025 las presuntas irregularidades de SIMAS. Eso no demuestra ninguna cortina de humo. Simplemente confirma una vieja regla de comunicación política: una noticia mayor puede sepultar a la anterior sin necesidad de fabricarla.
La política, por supuesto, ya comenzó a acomodarse alrededor de las detenciones. Antonio Attolini las calificó como un primer paso y sostuvo que nadie debe estar por encima de la ley. Pero tampoco empezó a hablar del SIMAS este domingo. Durante meses denunció presuntos esquemas de simulación en mantenimientos, contratos repetidos y empresas que vinculó políticamente con Ganem. También impulsó una revisión excepcional sobre el organismo y puso sobre la mesa su situación financiera. Otros intentarán presentar las detenciones como confirmación automática de todo lo denunciado durante meses; del otro lado no faltará quien hable de persecución política. Ninguna de las dos lecturas sustituye al expediente.
La verdadera historia está en saber qué delitos aparecen en las órdenes, qué juez las libró, si las capturas pertenecen a una misma causa, qué relación tiene la carpeta de SIMAS, qué buscaban los agentes en Parras, si existen otras órdenes pendientes y si aparecen empresarios, proveedores o exfuncionarios bajo investigación. Los detenidos, por supuesto, conservan la presunción de inocencia y corresponderá a la Fiscalía sostener cualquier imputación ante un juez.
Hay además otro elemento que vuelve difícil presentar el operativo como algo repentino: Ganem sabía desde hacía meses que existía una orden de aprehensión. En noviembre de 2025 promovió el juicio de amparo indirecto 1719/2025 contra un mandamiento judicial expedido días antes y en diciembre le fue negada la suspensión definitiva. La orden tenía historia, Ganem conocía su existencia y el aparato judicial llevaba meses caminando. La pregunta entonces cambia: ¿por qué tardó casi diez meses en ejecutarse?, ¿la Fiscalía continuaba reuniendo elementos?, ¿esperaba realizar varias diligencias de manera coordinada? Las respuestas estarán en el expediente, no en los grupos de WhatsApp.
Martha Rodríguez merece también una lectura propia. Durante casi cinco años encabezó el sistema de justicia administrativa municipal de Torreón, primero el Tribunal y después el Centro de Justicia Municipal. Apenas 11 días antes de su detención fue separada del cargo que había ocupado durante prácticamente toda una etapa del gobierno municipal. Su caso no puede reducirirse a ser “la pareja de Ganem”: fue funcionaria pública con responsabilidades propias y su nombre ya había quedado bajo escrutinio por distintos episodios. La cercanía entre su salida y la captura deja inevitablemente una pregunta: ¿fue buen tino político separarla justo a tiempo o alguien sabía lo que estaba por venir?
Ahora viene otra pregunta que recorrió Torreón durante todo el domingo: ¿dónde están? Ganem quedó bajo custodia federal y comenzó a circular con fuerza la versión de que sería trasladado al Cefereso No. 1 “El Altiplano”, en Almoloya de Juárez, Estado de México. Algunos medios incluso ubicaron el movimiento desde el mediodía. Sin embargo, hasta el cierre no existe confirmación pública suficiente que permita afirmar que ya ingresó físicamente al penal. Con Martha el panorama es todavía más incierto: su detención y puesta a disposición federal están confirmadas, pero no existe información sólida sobre su destino ni puede darse por hecho que seguirá la misma ruta de Ganem. Todo dependerá de las imputaciones, el juez competente y las medidas cautelares que correspondan.
Lo ocurrido va mucho más allá de Ganem. Golpea políticamente a una etapa completa del Ayuntamiento de Torreón y, particularmente, al llamado grupo cepedista. Ganem no era un funcionario menor: fue secretario del Ayuntamiento durante la administración de Román Alberto Cepeda y ocupó una posición central en la operación política municipal. Martha encabezó durante casi cinco años la justicia administrativa. “El Olimpo” aparece documentalmente conectado con ese mismo entorno. Eso no convierte en responsable a todo aquel que trabajó cerca de ellos, pero sí obliga a mirar con otros ojos contratos, nóminas, proveedores, nombramientos y decisiones que hasta ayer podían descartarse como simples pleitos políticos. Y ahí empieza quizá el capítulo más incómodo para el cepedismo: si aparecen más nombres, vendrán también los deslindes, las nuevas distancias y las viejas lealtades.
Ya por la noche de este domingo se filtró una imagen que cambió el tono de muchas conversaciones. Antiguos compañeros, detractores y personas que durante años criticaron con dureza a Pepe reaccionaron más desde lo humano que desde la revancha política. “Está cabrón”, “qué horror”, “fuerte ya verlos así”, fueron algunas de las respuestas. La escena dejó de ser un registro burocrático para convertirse en una imagen concreta de tres personas bajo custodia federal. Martha aparece con las manos unidas al frente y una postura cerrada; Ganem, con mayor rigidez y control corporal. Son posiciones compatibles con tensión y autocontención en un contexto de detención, pero no permiten afirmar miedo, culpa o cualquier estado psicológico específico. La fotografía impacta por el contraste: hace apenas unos días pertenecían al imaginario del poder municipal y ahora aparecen inmóviles frente a una pared de la FGR.
También apareció una reacción que conviene no perder: la preocupación por sus hijos y sus familias. En política es fácil convertir a una persona en personaje, enemigo o villano; una imagen así recuerda que detrás del funcionario, del adversario y del expediente existen familias que no forman parte de las acusaciones. Eso no elimina responsabilidades si las hubiera, pero sí obliga a mantener una frontera entre fiscalización pública y linchamiento personal. La verdadera prueba para el grupo cepedista no será quién fue amigo de quién ni quién aparece en qué fotografía, sino quién sabía qué, quién decidió qué, quién firmó qué y quién recibió qué. Y mientras algunos esperan el siguiente capítulo, otros ya tienen las barbas en remojo.
