
Urbanismo Torreón bajo fuego: lucha interna y red de cobros que controla licencias

En Torreón hay oficinas donde uno acude a hacer un trámite… y hay otras donde uno entra a sobrevivir. Urbanismo pertenece a esta segunda categoría. No es ventanilla: es aduana, feudo, palacio y caja registradora, todo en un mismo edificio. Lo que aquí se escribe —para quienes quieran fingir sorpresa— es análisis político con humor negro, sustentado en testimonios, audios y documentos que abundan como polvo en archivo muerto. Urbanismo dejó de ser oficina pública para convertirse en un pequeño cártel administrativo disfrazado de Dirección Municipal.
Los usos de suelo son la prueba más evidente. No son trámites: son mercancía. Torreón tiene su propia tienda de novedades, un Marketplace de Facebook donde todo está en venta; lo único que varía es el precio. Constructores, bodegueros, comerciantes y ciudadanos repiten la misma frase en distintos tonos: “Para que salga positivo… hay que pagar”. El audio que circula lo deja tan claro como quien pide kilo de tortillas: “¿Cuánto los usos de suelo?” — “Pues… te lo venden”. — “¿Y si sale condicionado?” — “Pues pa’ eso mismo, para que salga”.
Los ejemplos confirman el patrón: un almacén sin instalaciones especiales, negado; una bodega simple, condicionada; el mismo giro en otra colonia, aprobado… si aflojas lana. No es coincidencia: es mecanismo, estructura y método. Y el dinero, por supuesto, no anda solo: tiene nombres, claves y oficina asignada. La pirámide del poder se sostiene sobre tres vértices: Gabriela Ávila (038596), Valeria Velazco (036500) y Gustavo Muñoz.
Gaby —o “licenciada Gabyta”, como pide que le llamen— es directora de Ordenamiento Territorial. Tiene el puesto, pero no el poder total. Es la figura “institucional”, la que presume línea con el alcalde a través de Pepé Ganem. Y sí: fuentes internas aseguran que ambos operaron una “travesura” durante la campaña negra del 2024, reactivando el expediente 1742/2015 del Juzgado Segundo de lo Familiar, relacionado con pensión alimenticia, con el objetivo de inhabilitar a Shamir Fernández (Morena), quien buscaba competir por la alcaldía. La maniobra no prosperó, pero sigue oliendo a pólvora… y a traición.
La otra reina es Valeria Velazco, auxiliar administrativa en el papel, operadora real en la práctica. Lo que le falta de rango le sobra de poder. Es señalada como mano derecha —y brazo ejecutor— del todavía director general, Gustavo Muñoz. Los audios la colocan donde corresponde: “Ella es gente de Gustavo”, “Ella acelera”, “Ella cobra”. De acuerdo con testimonios de funcionarios y constructores, la cuota para acelerar licencias mercantiles ronda los quince mil pesos. Y la evidencia no es el testimonio, sino la contradicción: hay trámites atorados desde agosto, pero los que pasan por su mano se resuelven en 48 horas. No existe corrupción más descarada que la eficiencia selectiva, y Urbanismo es un monumento completo a esa lógica.
El operador central sigue siendo Gustavo Muñoz. No firma trámites, pero define destinos económicos. No está en ventanilla, pero lo consultan todos. Es el enlace con desarrolladores, la mente detrás del tablero inmobiliario municipal y el principal beneficiario del caos. Su estructura es amplia: Gaby y Valeria como reinas; Cuau y Padilla como operadores intermedios; y —como se señaló en El Espresso del Día del 28 de noviembre— nuevos aliados que actúan como “gestores informales”: el jefe de Gabinete, Ariel Martínez, quien ya negó ser emisario ante empresarios para suplir a un Gustavo quemado por sus exigencias; y el primer regidor, Luis Cuerda, que desde Cabildo acelera lo que requiera lubricación política. Empresarios incluso mencionan que Gustavo llegó a pedir departamentos como pago. En una administración donde el fuego se apaga con gasolina, escándalos sobran… memoria no tanto.
Lo que ocurre dentro de Urbanismo es un Game of Thrones versión lagunera. Gaby contra Valeria. Valeria contra Gaby, y dicen que Valeria va ganando . Todos contra todos. La guerra civil no es rumor: es rutina. La vieja guardia lo observa con resignación. Constructores, empleados y empresarios todavía extrañan a la arquitecta Diana, con 40 años en Presidencia y más de 20 en Urbanismo, quien jamás cerró su oficina cuando estaba en ventanilla. Pero como no se alineó a la nueva corte, le dieron las gracias. Hoy todo está bajo llave, bajo cerrojo y bajo sospecha. La confianza murió. El negocio no. Y como en todo reino decadente, las traiciones internas ya superan al enemigo externo.
Lo grave no es que exista el moche: lo grave es que ya opera con naturalidad, como si fuera parte del manual oficial del Ayuntamiento.
Urbanismo no caerá por auditorías, ni por reportajes, ni por inspecciones sorpresa. Caerá por lo de siempre: traiciones internas, filtraciones, venganzas, celos, audios incómodos y vanidades que ya no caben en el mismo edificio. Los reinos no caen por enemigos externos: caen cuando el pleito interno supera al negocio. Y Urbanismo ya llegó a ese punto. Dos reinas, un príncipe y muchos moches convirtieron la oficina más técnica del Ayuntamiento en un feudo privado con fachada institucional.
Y mientras todo arde, Gaby hace lo posible por regresar a Ganem al Ayuntamiento en lugar de Gustavo, intentando recuperar un poder que ya no controla desde adentro. Pero en esta administración, las lealtades duran lo que tarda un trámite en manos de quien no paga. Basta ver las nóminas para recordar cuántos fueron defendidos, luego acusados… y al final despedidos. Que nadie se confíe: aquí no te traicionan por necesidad. Te traicionan por sistema Y cuando el negocio es más fuerte que la institución, pero el pleito ya es más fuerte que el negocio, el castillo no necesita enemigos.Se incendia solo.



