En el Ayuntamiento de Torreón continúan las bajas y los reacomodos… bueno, en algunas áreas. Oficialmente todo puede explicarse como reestructura o búsqueda de eficiencia, pero dentro del área financiera crece otra percepción: la tijera corta, aunque no necesariamente parejo. Algunos trabajadores salen mientras otros, pese a cuestionamientos sobre productividad, conservan oficina, recursos y margen de operación. El problema empieza cuando nadie explica con qué vara se decide quién sale.

El caso de María del Socorro Chávez Berumen, coordinadora de Control Patrimonial, encendió las dudas. Según testimonios conocidos por esta columna, cuando se le informó que debía dejar el puesto pidió conocer la causa. Su pregunta fue directa: “¿Qué me robé?, ¿qué hice mal administrativamente?”. Y por su posición, seguramente conoce bastante de lo que ocurre entre compañeros y jefes. Socorro no se habría negado a retirarse; quería saber por qué. Alrededor de esa salida vuelve a aparecer Olga Lidia Garay Martínez.

Olga Garay no llegó ayer. Su trayectoria viene de años atrás, incluido su paso por Servicios Públicos en tiempos de David Fernández, y después por posiciones administrativas y financieras. También estuvo en Tesorería durante la etapa de Óscar Luján Fernández. Luján salió; Olga permaneció. Hoy diversas fuentes la ubican participando en asuntos de Recursos Humanos bajo Javier Lechuga. Sobrevivir a administraciones puede ser experiencia; otra cosa es que la influencia real termine siendo mayor que el cargo.

Por eso debería responderse con un documento: ¿qué nombramiento tiene actualmente Olga Garay y qué facultades posee para intervenir en altas, bajas y movimientos de personal? Si existe un oficio que la coloca al frente de Recursos Humanos o le delega atribuciones, basta con mostrarlo. Si sólo cubre el espacio provisionalmente, deberían conocerse sus límites. También queda pendiente aclarar cómo pasó de responsabilidades de confianza a aparecer después como personal sindicalizado.

Los testimonios llegados desde áreas financieras, incluido Parquímetros, agregan algo más delicado. Empleados sostienen que buena parte del personal de Recursos Humanos tendría condición sindical y cuestionan si quienes realizan funciones de confianza cuentan con las licencias correspondientes. En esas versiones aparece Rosalba Rodríguez Silerio. Más delicado aún: fuentes describen presiones y un posible ambiente de hostigamiento hacia trabajadores que cuestionan decisiones internas. Aseguran que Garay habría advertido que tomaría “otras medidas” si no se atendían determinadas instrucciones. En lenguaje de oficina: no ver, no escuchar y mucho menos hablar. También se menciona a una persona identificada como Ariel en supuestos asuntos de operación política, versión aún pendiente de documentación.

Si eso ocurrió, el problema rebasa una pelea por escritorios. Recursos Humanos debería ser el lugar donde un empleado pueda presentar una inconformidad sin sentir que acaba de comprar boleto para la siguiente lista de despedidos. Cuando preguntar, disentir o pedir una explicación se convierte en riesgo laboral, la reestructura empieza a parecer otra cosa.

A las dudas sobre Olga Garay se suma la versión de que su esposo, identificado por fuentes como Martín Berumen, laboraría en Catastro y habría obtenido condición sindical. Antes de hablar de nepotismo deben acreditarse parentesco, plaza, fecha de ingreso, sindicalización y si Olga intervino. Si todo fue regular, el expediente acabará con el rumor; si hubo intervención directa, habría materia para revisar un posible conflicto de interés.

Mientras tanto, hay áreas donde la tijera parece perder filo. Ahí continúa Miguel Ángel Ramos García, jefe de Rezagos y Ejecución, cuyo nombre lleva meses apareciendo en Al Café Político. Desde finales de 2025 este espacio cuestionó su ascenso y después trabajadores sindicalizados exigieron su salida por problemas operativos en Rezagos y Notificaciones. Ahora fuentes internas aseguran que Ramos dispone de camioneta municipal y combustible, pero cuestionan su uso para las tareas de notificación. Eso se aclara con resguardo vehicular, gasolina, kilometraje y productividad.

Por encima continúa Roberto Barrios Hinojosa, director de Ingresos. Sobre Barrios circulan versiones respecto de su círculo cercano y viajes con colaboradores. La más reciente tiene aroma a bloqueador solar: fuentes aseguran que recientemente se fue de pesca acompañado de un funcionario identificado como “el veterinario”. Y no, estimado lector, no habría sido a la presa; la pesca habría sido en Los Cabos. Ir de vacaciones y pescar no constituye falta alguna. La pregunta es otra: ¿quién pagó vuelos, hospedaje, alimentos y embarcación?, ¿hubo permisos y recursos públicos involucrados? Si cada quien pagó su caña y su carnada, buena pesca.

Dentro de Ingresos también permanece Gerardo Guajardo, mientras distintas fuentes describen disputas por jefaturas y espacios. Puede ser grilla de oficina, pero eso refuerza la necesidad de conocer los criterios de las bajas. ¿Quién decide quién estorba? Si Tesorería recorta por productividad, que enseñe resultados. Si es por austeridad, que revise camionetas, gasolina, asistentes, viajes y plazas. Si es pérdida de confianza, que se diga.

El alcalde Miguel Ángel Riquelme Solís heredó una administración llena de grupos y lealtades. No tiene obligación de despedir a todos, pero sí de impedir que alguna oficina se convierta en territorio particular o que Recursos Humanos sirva para premiar obediencias y castigar incómodos. Una reestructura seria necesita reglas, expedientes y la misma vara para todos; nunca miedo.

Y sobre los recortes de verdad, tranquilidad: hay material para otra entrega más extensa. Porque si realmente quieren hablar de austeridad, antes de seguir despidiendo hacia abajo convendría hacer algo sencillo: revisen bien la nómina. Puede que ahí encuentren dónde está la grasa.

La tijera puede ser necesaria.

El problema comienza cuando también aprende a escoger amigos.

PREGUNTAS OFICIOSAS

¿Los Pollos Íñigo vienen con salsa… o con mensajes políticos?

Nadie cuestiona una actividad como la venta de los tradicionales Pollos Íñigo del DIF, que año con año busca recaudar recursos para causas sociales. La intención es buena y merece respaldo. El problema comienza cuando entre trabajadores municipales surge la queja de que la solidaridad puede terminar convertida en obligación, sobre todo cuando se les asignan varios boletos y cada pollo ronda ya los 250 pesos. Con la inflación como invitada permanente, una cosa es apoyar voluntariamente y otra muy distinta cargarle al empleado una cuota disfrazada de buena causa. Por eso la pregunta es sencilla: ¿la venta es realmente voluntaria para todos o en algunas áreas ya se volvió parte de la chamba?

Pero este año los pollos parecen venir con salsa política extra. En la Feria volvió a dejarse ver Jaime Russek, acompañado por parte de su familia, personaje conocido de anteriores administraciones y de aquellos años en que compartió escena política con figuras como Eduardo Olmos y después formó parte del gobierno municipal de Miguel Riquelme. También apareció Memo Anaya, con todo y su comitiva —y su inseparable coquita light—, suficiente para que más de uno comenzara a preguntarse si se trataba simplemente de apoyar al DIF o de recordar que todavía hay nombres que siguen teniendo mesa reservada en la política lagunera. Porque en Torreón uno puede ir por pollo, por convivencia o por nostalgia… pero cuando aparecen tantos viejos conocidos juntos, hasta la salsa parece mandar señales.

Y ahí está la verdadera Pregunta Oficiosa: ¿estamos viendo simples coincidencias de Feria o alguien comenzó a desempolvar el directorio de exfuncionarios para una nueva etapa política? Nadie puede asegurar que una fotografía sea preludio de nombramientos, pero tampoco puede ignorarse que en política las apariciones públicas rara vez son completamente inocentes. Entre pollos, saludos, familias, comitivas y coquitas light, quizá lo único que falta es que alguien saque la libreta y empiece a pasar lista. Lo importante, mientras tanto, es que la causa social del DIF no termine pagando el costo político ni económico de una solidaridad que debería seguir siendo voluntaria.

¿Hijazo de mi vidaza o karateca de la fatiga?

En un capítulo más de “Hijazos de mi vidaza”, porque no todo podía quedarse en Marcelo “Kiko” Sánchez y su conocida relación familiar con la estructura pública, ahora toca voltear hacia otra familia cuyos apellidos también conviven cómodamente con la política y el servicio público. Dicen que el deporte fortalece el cuerpo, aunque algunos políticos parecen guardar la condición física exclusivamente para cuando hay cámara enfrente. El pasado lunes, durante la visita del alcalde Miguel Ángel Riquelme Solís al ejido El Águila, apareció el regidor priista Diego Ontiveros Rentería, presidente de la Comisión de Educación, Arte, Cultura y Deporte. Hasta ahí, todo normal. Lo curioso ocurrió a la salida: de acuerdo con imágenes y el testimonio recibido por Al Café Político, nuestro nuevo “hijazo de mi vidaza” habría subido a un automóvil que estaba a su derecha para que lo acercaran hasta donde se encontraba el suyo. Caminar aquellos metros, al parecer, no formaba parte del entrenamiento. Y eso que apenas en agosto Diego encabezaba una exhibición y clase de karate en el curso de verano del PRI Torreón. ¿Será que el joven Diego ahora practica karate versión “farmear aura”, para aquello de evitar la fatiga?

¿Qué pensará de semejante técnica su mamá, la maestra Flor Rentería Medina? Porque Flor no solamente es madre del regidor; también es una funcionaria educativa ampliamente conocida en La Laguna y, dicho con afecto cafetero, parece sufrir un severo padecimiento de “eventitis”: difícilmente se le escapa ceremonia, arranque, reunión, fotografía o acto público relacionado con el sector educativo. Por eso la combinación resulta inevitablemente sabrosa: mamá en Educación y el hijo presidiendo en el Cabildo precisamente la Comisión de Educación, Arte, Cultura y Deporte. El parentesco, por supuesto, no acredita por sí mismo nepotismo ni irregularidad alguna, pero en política los árboles genealógicos también despiertan preguntas. Quizá en casa podrían agregar una materia extracurricular: Educación Física aplicada al traslado entre automóviles. Porque una cosa es practicar karate y otra muy distinta gastar suela cuando hay vehículo disponible.

Y justamente hablando de Flor Rentería, este miércoles 9 hubo una ausencia que llamó la atención. Miguel Riquelme difundió una reunión en el séptimo piso con Hugo Lozano, subsecretario de Educación Básica, acompañado por autoridades educativas de Coahuila para revisar asuntos prioritarios de las escuelas de Torreón. Pero en las fotografías y en la comitiva difundida no apareció Flor, algo poco habitual tratándose de un encuentro educativo y de una funcionaria que no suele perdonar evento. Una ausencia no demuestra pleito, desplazamiento ni reacomodo; tampoco conviene fabricar incendios donde apenas vemos humo. Pero la pregunta queda servida: ¿no invitaron a Flor, tuvo algo más importante que hacer o alguien comenzó a acomodar las sillas de otra manera? Mientras averiguamos, su muchacho Diego ya dejó una enseñanza para este nuevo episodio de “Hijazos de mi vidaza”: si el karate es para farmear aura, el automóvil es para evitar la fatiga.

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