
Torreón se hunde: no es la naturaleza, es la negligencia

Torreón es una ciudad a punto de colapsar con los socavones, pero no por castigo de la naturaleza. Su ubicación geográfica la libra de amenazas como tsunamis, huracanes directos o grandes terremotos. No está frente al mar, no vive en la franja sísmica más activa del país y, para rematar la ironía lagunera, ni agua hay. Según el INEGI, Coahuila tiene predominio de clima seco y semiseco; y el Servicio Geológico Mexicano ubica las zonas de mayor sismicidad principalmente hacia el sur y suroeste del país. Entonces, cuando en Torreón se abre la tierra, no es el océano cobrando factura ni una placa tectónica haciendo campaña: es infraestructura vieja, obra mal supervisada y años de mantenimiento pateado para después.
Por eso los socavones no pueden venderse como fenómeno natural. El lecho del Nazas suele estar seco, pero cuando aparecen aguas negras donde debería haber suelo firme, la explicación apunta menos al cielo y más al escritorio. Según reportó El Siglo de Torreón, el colapso de infraestructura sanitaria, la mala calidad de obras de reposición y la escasa o nula supervisión del SIMAS Torreón tienen a ciudadanos entre calles cerradas, excavaciones interminables, daños patrimoniales y tragedias humanas. En Rincón del Bosque, cinco familias tuvieron que dejar sus casas tras daños relacionados con el colector Zaragoza. Eso ya no es molestia urbana; es una alerta de patrimonio en riesgo.
El caso del colector Saltillo 400 es todavía más grave: dos jóvenes murieron el 31 de mayo tras impactarse contra maquinaria pesada usada en la sustitución del colector sanitar. Los peritajes apuntan a responsabilidad de la constructora por falta de señalización. La obra fue contratada por SIMAS Torreón a QP Arquitectos, S.A. de C.V., por 13 millones 252 mil 027.58 pesos. Cuando una obra pública termina relacionada con muertes, la autoridad no puede limitarse a decir que “se revisará”. Debe abrir contrato, supervisión, bitácoras, señalización, responsables y sanciones.
La calzada Paseo de La Rosita es otro capítulo de la misma novela de zanjas eternas. Se documentó hundimientos en obras recientes de drenaje, además de retrasos por el colapso del colector principal del Diagonal Las Fuentes. La obra del Paseo de La Rosita, ejecutada por Grupo Marniez, S.A. de C.V., costó más de 12 millones de pesos y debía concluir en tres meses. En papel, tres meses; en calle, paciencia ciudadana financiando el retraso con llantas, polvo, malos olores y vueltas innecesarias.
Y mientras abajo colapsa el drenaje, arriba aparece La Ola Naranja con uniformes nuevos. Riquelme entregó prendas a 990 integrantes de La Ola, con inversión reportada de 4.9 millones de pesos. La pregunta no es si los trabajadores merecen equipo; claro que lo merecen. La pregunta es otra: si hay casi mil elementos, concesión de basura, centros de transferencia y estructura operativa, ¿por qué la limpieza sigue rebasada y los camiones terminan hundidos en socavones?
La llegada de Xavier Herrera al SIMAS puede abrir una etapa distinta, pero solo si pasa del diagnóstico al expediente. No basta decir que los colectores están mal. Hace falta mapa público de colectores críticos, obras ejecutadas, empresas contratadas, montos, bitácoras de supervisión, daños a viviendas, responsables y calendario real de reparación. Menos “estamos trabajando” y más documentos. Menos casco para la foto y más ingeniería con firma.
En esa revisión técnica también debe aparecer Javier Silva. desde que está Raymundo Rodríguez el eterno gerente técnico del SIMAS, pero Silva formó parte de esa estructura operativa y conoce redes, pozos, drenaje, cuadrillas y puntos críticos del sistema. No se trata de señalarlo como responsable único ni de inventar culpables; se trata de exigir explicaciones técnicas: qué recibió, qué reportó, qué fallas estaban documentadas, qué colectores ya estaban en alerta y qué decisiones se tomaron o se dejaron pasar. Porque cuando el funcionario técnico conoce el subsuelo, también debe explicar por qué la ciudad terminó hundiéndose sobre él.
El socavón de La Dalia, donde cayó un camión recolector la mañana de este jueves, amarró el expediente completo: Servicios Públicos por arriba, SIMAS por abajo y el ciudadano en medio. Fernando Villarreal, todavía director de Servicios Públicos, no es responsable directo de los colectores, pero sí de una operación de limpieza que depende de rutas funcionales, calles transitables y coordinación real con SIMAS. Cuando el camión de basura cae en aguas negras, no cae solo una unidad; cae el discurso de ciudad ordenada.
Riquelme prometió transparentar el contrato de limpieza con Consorcio Ecourbano Ambiental, vigente por 25 años. Su pago mensual supera los 39 millones de pesos y la carga de largo plazo podría rebasar los 12 mil millones. Si Torreón paga concesión millonaria, cuadrillas municipales y compra uniformes, pero sigue entre basura, socavones y centros de transferencia saturados, algo no cuadra. Y no es la banqueta: es el modelo.
El otro hoyo, menos visible pero igual de serio, que podría abrirse está en el destino que tendrán los animales retirados de los carromatos. Desde febrero se dijo que se buscarían adoptantes para burros, caballos y mulas, y hasta Fernando Villarreal habló de “un lugar” para que pudieran jubilarse; también se informó que el entonces alcalde Román Alberto Cepeda haría la primera adopción. Después se mencionó que, en una primera etapa, se cambiarían entre 120 y 130 carromatos por unidades motorizadas y que el mismo número de animales serían retirados y adoptados por empresarios o particulares interesados en cuidarlos. Buen deseo, sí; pero la realidad pide más que ternura de boletín.
Ahí está la pregunta que nadie debe dejar caer en el corral del olvido: ¿quién se hará cargo de los animales que no logren ser adoptados? Sr informó que 115 carromateros ya habían aceptado entrar al programa. Bien por la intención, pero falta el expediente: padrón de animales retirados, estado veterinario, lugar de resguardo, nombre de adoptantes, convenios firmados, presupuesto para alimento, atención médica, transporte, seguimiento y sanciones si un adoptante incumple. Porque prometer adopciones es fácil; sostenerlas durante años cuesta dinero, espacio y responsabilidad.
¿Quién asumió ahora ese compromiso institucional y qué pasará con los demás? No se trata de romantizar burros, mulas o caballos para la foto, sino de saber si el Municipio tiene un plan real para los animales viejos, enfermos o sin adoptante. Sacarlos del trabajo de carga fue lo correcto; abandonarlos después sería cambiar el maltrato visible por negligencia silenciosa. Y esa también debería entrar en la auditoría de Servicios Públicos.
La lectura política es inevitable: Riquelme heredó una ciudad con drenaje viejo, contratos pesados y una estructura municipal que presume músculo, pero la prueba no está en las declaraciones , sino en la calle. Si va a abrir el contrato de basura, también debe abrir los expedientes de SIMAS, Obras Públicas, Sistema Integral de Mantenimiento Vial, contratistas y supervisores. Porque Torreón no se hunde por terremotos, huracanes o tsunamis. Se hunde por años de obra mal vigilada, drenaje abandonado, contratos poco explicados y autoridades que descubren el problema cuando el socavón ya se tragó la calle.}
Preguntas Oficiosas:

¿Quién sí se gana puntos y quién sigue cobrando desde la sombra?
Mientras algunos funcionarios cepedistas siguen firmes en la sagrada nómina municipal, el titular de Inspección y Verificación, Pablo Fernández Llamas, no solo anda clausurando presuntas casas de citas con el sello en la mano. Según versiones internas, su estilo también habría generado enojo y cautela entre algunos compañeros. Pero esta vez se anotó un punto a favor: el Municipio aplicó una sanción histórica por presunto maltrato animal contra el dueño de un perro localizado en grave estado de salud en Villas La Merced. Inspección actuó con Salud Pública y Control Canino; conforme al reglamento municipal, el abandono y el maltrato dejaron de ser regaño bonito y ya tienen consecuencia administrativa.
La pregunta incómoda cae del lado de Antonio Méndez Vigatá, director de Cultura. No solo habría quedado fuera del recorrido por La Jabonera, donde se ubica un centro cultural que debería ser parte natural de su agenda; mientras no lo invitan, aparece en modo fan-bot en las transmisiones en vivo de Riquelme. Ahí quedó registrado con comentarios como “Excelente” y “Gran trabajo”, como si la política cultural se resolviera a punta de aplausos digitales. En Torreón, unos salen a operar en calle; otros parecen más pendientes de quedar bien en el chat.

¿Despidos administrativos o exfuncionarios cobrando factura política?
En la política de Torreón, los despidos nunca salen solos: salen con enojo, versiones cruzadas y exfuncionarios que, una vez fuera, empiezan a hablar más claro que cuando estaban adentro. Sobre los 60 despedidos, desde ese grupo inconforme aseguran que es falso que todos fueran de honorarios. Si a varios los hicieron renunciar y luego los acomodaron en el relato como simple recorte administrativo, la cosa ya no suena a limpieza: suena a operación con control de daños.
Mientras unos reclaman convenios, bloqueos y promesas incumplidas, según versiones políticas al diputado local Felipe González se le habría visto desayunando este jueves en el Crowne Plaza con quien señalan como su asesor de imagen. Pregunta Oficiosa: ¿será que por fin quiere enderezar el barco y entender los tiempos, o solo fue desayuno con café cargado y estrategia descafeinada?
