No era un simple árbol. Era uno de los últimos sabinos centenarios de la Plaza de Armas. Fue plantado en 1905, cuando el lugar todavía era conocido como Plaza 2 de Abril. Durante 121 años observó el crecimiento de Torreón, el paso de generaciones completas y la llegada y salida de innumerables administraciones municipales.

Resistió el calor lagunero, las sequías, el crecimiento urbano, el concreto y diferentes remodelaciones. Al final, no pudo sobrevivir a una mezcla especialmente peligrosa: raíces encerradas, agua insuficiente, posibles enfermedades, mantenimiento cuestionable y una vigilancia ambiental incapaz de actuar oportunamente.

Después de su muerte llegaron los funcionarios, las explicaciones y hasta el video para las redes sociales. El director de Servicios Públicos Municipales, Fernando Villarreal Cuéllar, acompañado por el director de Medio Ambiente, Marcelo “Kiko” Sánchez Adame, y por el director de Biodiversidad, Manuel Rodríguez Muñoz, acudió a la Plaza de Armas. Como si fueran influencers ambientales, grabaron un video para explicar que el árbol estaba completamente seco y representaba un riesgo para los visitantes.

Nadie sensato puede pedir que un tronco hueco, debilitado y con ramas quebradizas permanezca en pie hasta caer sobre alguna persona. Si existía peligro, retirarlo era necesario. La actual administración de Miguel Ángel Riquelme Solís recibió un problema prácticamente consumado y tomó la decisión de eliminar el riesgo. Pero esa no es la verdadera discusión.

La pregunta no es por qué retiraron un árbol muerto, sino quién permitió que un monumento natural llegara hasta ese estado cuando todavía existía la posibilidad de salvarlo. Las propias autoridades reconocieron que el daño no apareció de un día para otro. El sabino llevaba tiempo perdiendo fuerza. Sus raíces estaban atrapadas en una jardinera demasiado pequeña, el concreto dificultaba que el agua llegara correctamente y el tronco ya presentaba afectaciones importantes. Si todo eso ocurrió durante años, alguien debió advertirlo. Y si nadie lo vio, peor todavía.

Marcelo “Kiko” Sánchez Adame permanece al frente de la Dirección de Medio Ambiente desde la administración anterior. No acaba de llegar ni recibió la oficina hace unas semanas. Por eso tiene que explicar qué hizo su dependencia mientras el sabino todavía estaba vivo. La ciudadanía merece saber cuándo detectaron el deterioro, cuántas veces revisaron el árbol, qué acciones tomaron y por qué no ampliaron el reducido espacio de tierra alrededor de sus raíces. También debe aclararse si existieron advertencias y, en caso de haberlas, quién decidió ignorarlas.

Kiko apareció cuando el sabino ya estaba muerto para describir lo que cualquier ciudadano podía observar: estaba seco, no tenía follaje y sus ramas podían caer. Para eso Torreón no necesita una Dirección de Medio Ambiente con presupuesto, oficinas, empleados y funcionarios pagados con recursos públicos. Para llegar después y explicar el cadáver bastaba con colocar una cámara frente al árbol.

La ciudad necesita una dependencia que se adelante a los problemas, proteja las áreas verdes y actúe antes de que la única solución disponible sea la motosierra. Explicar la muerte no significa haber protegido la vida.

Fernando Villarreal aseguró que el sabino contaba con riego por aspersión y que también recibía agua manualmente, además de limpieza y mantenimiento. La explicación suena bien, pero deja una duda evidente: si tenía agua y recibía tantos cuidados, ¿cómo terminó completamente seco?

Las autoridades sostienen que las raíces no podían crecer correctamente porque estaban rodeadas de concreto y porque debajo se encuentran los cimientos del antiguo Canal de la Perla. También reconocieron que existieron falta de humedad suficiente, posibles hongos y daños acumulados durante mucho tiempo. Dicho sin palabras técnicas: el árbol estaba encerrado, el agua no llegaba como debía y nadie corrigió el problema a tiempo.

El ingeniero agrónomo Francisco Lastra González declaró a El Siglo de Torreón que durante las obras efectuadas en la Plaza de Armas pidió retirar parte del concreto y ampliar el espacio alrededor del sabino para facilitar la llegada del agua. Según su testimonio, la petición no fue atendida. También relató que un bolero de la plaza trataba de regarlo ocasionalmente.

La escena es brutal: mientras el Municipio presumía programas ambientales y miles de plantas entregadas, un ciudadano intentaba auxiliar por su cuenta a uno de los árboles más valiosos de Torreón. Si un bolero pudo darse cuenta de que el sabino necesitaba agua, la Dirección de Medio Ambiente debe explicar por qué no detectó el problema o, si sí lo hizo, por qué no actuó.

El sabino no estaba escondido en un terreno abandonado. Se encontraba en la Plaza de Armas, a unas cuantas cuadras de la Presidencia Municipal, frente a comerciantes, visitantes, trabajadores públicos y funcionarios que pasaban constantemente por el lugar. El problema estaba a la vista.

Tampoco era una maceta decorativa, como algunos funcionarios que cobran únicamente por adornar el organigrama y pueden ser reemplazados cuando dejan de combinar con el mobiliario. Era parte de la historia, la identidad y la memoria de Torreón. No podía recibir el mismo trato que una planta colocada para inaugurar una obra o cumplir con la fotografía oficial.

Un árbol de 121 años necesitaba atención especial y decisiones oportunas. Si el concreto estaba afectando sus raíces, había que retirarlo. Si necesitaba más agua, debía modificarse el sistema de riego. Si presentaba alguna enfermedad, correspondía atenderla antes de que se secara por completo. No hacía falta esperar a que muriera para descubrir que estaba muriendo.

Si las autoridades aseguran que hicieron todo correctamente, deben mostrar las pruebas. Si no existen reportes, fotografías, revisiones y acciones anteriores, entonces estamos frente a una omisión que no puede esconderse detrás de un video.

La muerte del sabino no puede cargarse directamente a la administración de Miguel Ángel Riquelme Solís, que comenzó en julio y recibió un deterioro acumulado durante años. El actual gobierno enfrentó la etapa final del problema. Su responsabilidad empieza ahora: transparentar lo ocurrido, revisar el trabajo de los funcionarios que permanecen en sus cargos y evitar que los demás árboles de la plaza corran la misma suerte.

El origen debe buscarse en las administraciones anteriores, particularmente durante las gestiones de Jorge Zermeño Infante y Román Alberto Cepeda González, así como entre quienes dirigieron Servicios Públicos, Parques y Jardines y Medio Ambiente. También deben revisarse las remodelaciones de la Plaza de Armas. Alguien autorizó conservar una jardinera insuficiente. Alguien vio cómo el concreto reducía el espacio del sabino. Y alguien decidió que corregirlo no era urgente.

Los alcaldes cambian, pero las dependencias permanecen. Ahí está precisamente el caso de Marcelo “Kiko” Sánchez Adame, quien continúa al frente de Medio Ambiente y debe rendir cuentas sobre lo realizado durante la administración anterior. No se le exige haber hecho un milagro durante los últimos dos meses. Se le pide explicar qué hizo cuando el árbol todavía estaba vivo.

Como parte de la respuesta municipal, se informó que durante el año se han reforestado o entregado más de 22 mil árboles y plantas en distintos puntos de Torreón. La cifra puede servir para un boletín, pero no revive al sabino.

Entregar miles de plantas tampoco garantiza que sobrevivan. La verdadera política ambiental no se mide por el número de árboles repartidos ni por las fotografías de funcionarios sosteniendo una pala. Se mide por los ejemplares que permanecen vivos después de uno, cinco o diez años. Plantar para la foto es sencillo. Cuidar durante décadas exige trabajo.

La ironía más dolorosa se encuentra en la placa colocada en ese lugar: “Monumento al Árbol”. Sobrevivió el monumento, pero murió el árbol.

El caso recuerda al ahuehuete colocado en 2022 en Paseo de la Reforma, en la Ciudad de México. Poco después de ser trasplantado comenzó a perder follaje y mostrar señales de deterioro. Las autoridades capitalinas explicaron entonces que atravesaba un proceso de adaptación.

Los casos son distintos: el ejemplar de Reforma acababa de ser trasladado; el sabino de Torreón llevaba 121 años en el mismo sitio. Sin embargo, ambos comparten una incómoda costumbre gubernamental: las explicaciones aparecieron cuando el deterioro ya era imposible de ocultar.

La actual administración todavía puede diferenciarse de las anteriores. Para hacerlo deberá publicar la información disponible, revisar las decisiones tomadas durante años y atender inmediatamente a los otros sabinos de la plaza. También tendrá que impedir que el reemplazo sea colocado dentro de la misma trampa. Antes de plantar otro árbol, deben retirar el exceso de concreto, garantizarle suficiente espacio y asegurar un riego constante.

De nada servirá organizar otra ceremonia, colocar una placa nueva y tomarse la fotografía si el siguiente árbol terminará igualmente abandonado. El sabino no murió el día que lo cortaron. Murió lentamente, frente a todos, mientras las dependencias responsables no lograron conservarlo.

No era un simple árbol. Era historia, sombra, identidad y memoria viva de Torreón. La motosierra retiró un riesgo, pero también dejó al descubierto una política ambiental que durante años llegó tarde, explicó mucho y conservó poco.

Por eso, Marcelo “Kiko” Sánchez debe responder qué hizo su dependencia mientras todavía había algo que salvar. Porque si Medio Ambiente aparece únicamente para grabar un video frente a un árbol muerto, la pregunta resulta inevitable: ¿para qué sirve “Kiko” Sánchez como director de Medio Ambiente?

PREGUNTAS OFICIOSAS

¿YA COMENZÓ LA PASARELA DE BETZABÉ RUMBO A LA GUBERNATURA?

Apenas cumplió un año como presidenta municipal de Gómez Palacio y Betzabé Martínez Arango ya encontró tiempo para llevar su imagen y al Plan Fluye hasta estudios y plataformas nacionales. Apareció con Maca Carriedo en Macanazo Informativo, de Heraldo TV; fue entrevistada por Mónica Noguera para Hay Nota 360, y también tuvo presencia en Soluciones para Gobernar, de Alcaldes de México. La estrategia podrá verse muy bien en fotografías, videos y publicaciones institucionales, pero la pregunta que difícilmente aparecerá en el boletín oficial es otra: ¿a quién quieren hacerle creer que a las audiencias nacionales les interesa particularmente el drenaje de un municipio de una ciudad de Durango y qué les hace pensar que este tipo de entrevistas tiene verdadera penetración entre los ciudadanos de Gómez Palacio? Al vecino que soporta aguas negras, falta de presión o infraestructura deteriorada probablemente le interesa bastante menos quién entrevista a la alcaldesa que saber cuándo llegará la solución a su colonia. Y al duranguense de la capital, Santiago Papasquiaro, Pueblo Nuevo, Canatlán o cualquier otra región del estado tampoco necesariamente le quitará el sueño escuchar en una plataforma nacional cómo funciona el Plan Fluye. Entonces, ¿la estrategia pretende informar a los gobernados o comenzar a presentar ante otros públicos a quien gobierna?

La duda crece cuando se revisa cuánto valen comercialmente esos escaparates. Heraldo TV mantiene para 2026 una tarifa general de 174 mil 509 pesos con 92 centavos por una participación comercial de tres minutos en talk shows y 220 mil 480 pesos en noticieros; una mención de un minuto está tarifada entre 92 mil 601 y 116 mil 303 pesos, dependiendo del formato. Eso no significa que Gómez Palacio haya pagado esas cantidades por la aparición de Betzabé con Maca Carriedo: hasta ahora no existe una factura localizada que permita afirmarlo y una entrevista periodística puede ser perfectamente editorial. Pero el precio de mercado permite dimensionar el valor de esa exposición.é. De Hay Nota 360 y Mónica Noguera no aparece hasta ahora un tarifario público verificable. Precisamente por eso sería saludable que el Ayuntamiento transparentara si esta gira generó contratos, convenios, órdenes de inserción, vuelos, hospedaje, viáticos o gastos de representación. Si las entrevistas fueron gratuitas, estupendo; si hubo recursos públicos involucrados, los gomezpalatinos tienen derecho a conocer cuánto costó la pasarela.

Y entonces aparece el verdadero elefante en el drenaje: 2028. Nadie puede afirmar hoy que Betzabé Martínez sea candidata de Morena a la gubernatura de Durango, pero tampoco hace falta esperar a que aparezcan espectaculares para observar cuándo una figura municipal comienza a construir exposición fuera de su territorio. El espejo más cercano está del otro lado del Nazas. Esto nos recuerda a Román Cepeda cuando también comenzó a buscar escenarios nacionales siendo alcalde de Torreón y el 9 de diciembre de 2022 Forbes publicó una entrevista cuyo título fue prácticamente una declaración sucesoria: “Si torreonenses lo deciden, iré por candidatura para Coahuila”. Hubo Forbes, Imagen, reflectores y discurso de posicionamiento; al final, la candidatura del PRI terminó en otras manos. La enseñanza es sencilla: las cámaras pueden fabricar percepción, pero no sustituyen territorio, resultados ni acuerdos políticos. Por eso Betzabé debería preguntarse no solamente cuántas entrevistas puede conseguir en Ciudad de México, sino cuántos votos potenciales mueve una aparición de este tipo en Gómez Palacio y, sobre todo, en el resto de Durango. Si el Plan Fluye funciona y realmente resuelve un problema histórico, esa será una carta política mucho más poderosa que cualquier conductor nacional. Pero si el drenaje continúa dando dolores de cabeza mientras aumenta la colección de entrevistas, entonces alguien podría estar confundiendo comunicación gubernamental con construcción anticipada de candidatura.

La última pregunta es quizás la más interesante: ¿quién está asesorando a Betzabé? El propio Plan Municipal de Desarrollo 2025-2028 identifica oficialmente a Paola Guadalupe Alvarado Nájera como directora de Comunicación Social. Sergio Uribe Rodríguez llegó desde el inicio de la administración como responsable de Prensa, pero fuentes consultadas aseguran que estaría prácticamente fuera de la operación; hasta que exista una salida oficial, esa versión debe tomarse justamente como eso: una versión. Sin embargo, alguien está trazando esta nueva ruta nacional. ¿La propia Comunicación Social?, ¿un consultor externo?, ¿algún operador fragmentado que ya piensa más en 2028 que en 2026? Porque llevar el Plan Fluye hasta Maca Carriedo, Mónica Noguera y Alcaldes de México no parece una decisión espontánea. Pregunta Oficiosa: ¿el Plan Fluye necesitaba una pasarela nacional o la eventual aspiración de Betzabé necesitaba al Plan Fluye para comenzar su pasarela por la gubernatura? Conviene saberlo antes de que aparezca algún viejo conocido ofreciendo sus servicios de comunicación, vendiendo estrategias nacionales por capítulos y acomodando nuevamente el discurso en pequeñas piezas… digamos, demasiado fragmentadas.

¿Por qué faltó media fauna municipal a la jubilación de los burros?

Y seguimos con la fauna municipal. Este jueves se realizó una ceremonia especial para jubilar a más de 130 burros y mulas que durante años tiraron de carromatos en Torreón. La ausencia de varios funcionarios y legisladores llamó la atención, especialmente porque algunos suelen correr cuando aparece una cámara. Quizá temieron una confusión y terminar recibiendo también su carta de retiro.

En el presídium estuvieron Verónica Martínez, Jorge Valdés, Susana Estens y Fernando Villarreal, quien fue ampliamente vitoreado. Abajo permanecieron los diputados locales electos Felipe González y Ximena Blake, mientras Hugo Dávila no acudió. También aparecieron Marcelo Sánchez, director de Medio Ambiente; Juan Pérez, titular de Salud Municipal; Verónica Soto, Flor Rentería y Cristina Gómez, además de integrantes del Cabildo y varios regidores. La presencia de Susana Estens, más que respaldo, debería representar un mensaje para Marcelo: el bienestar animal también exige resultados.

Entre los asistentes también fueron vistos periodistas que, según versiones internas, cobran como auxiliares de Servicios Públicos; uno de ellos acudió acompañado de su esposa, dejando constancia gráfica de que continúa “trabajando”. Al final, la ceremonia retrató al Ayuntamiento: unos ocuparon el presídium, otros buscaron la fotografía y varios evitaron aparecer. Los burros, por lo menos, trabajaron durante años, soportaron cargas pesadas y se ganaron dignamente su jubilación; algunos funcionarios apenas cargan el teléfono y ya se sienten merecedores de reconocimiento, estatua y candidatura.

Artículos anteriores

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *