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Editoriales de opinión de
Iván P. Corpus-Lozoya

En Morena todavía no hay candidatos, pero ya sobran diputados
En Morena todavía no reparten las candidaturas para 2027, pero ya hay quienes se sienten diputados, otros se imaginan alcaldes y algunos hasta comenzaron a practicar cómo levantar la mano sin preguntar qué están aprobando. La ambición política nunca llega tarde, aunque oficialmente todos juren que no son los tiempos. Para evitar que el INE les arruine la fiesta, ahora los aspirantes no se llaman precandidatos, sino coordinadores. ¡Qué elegancia para disfrazar las ganas de hueso! En Coahuila, los interesados en las llamadas Coordinaciones Distritales Federales de los Comités de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional se registraron en línea del 1 al 4 de octubre. Ahora viene la revisión de expedientes, las encuestas, los criterios de género y las negociaciones con los aliados. Los resultados de esta etapa interna se esperan aproximadamente a mediados de noviembre, aunque conseguir una coordinación no garantiza una candidatura. Primero se registran, después se miden, luego negocian y al final veremos quién llega a San Lázaro y quién termina coordinando únicamente el grupo de WhatsApp de los inconformes. Porque en Morena todos hablan de unidad, pero basta que aparezca una candidatura para descubrir que hay más defensores de la transformación que lugares disponibles en la nómina.
En el Distrito Federal 02, con cabecera en San Pedro, la competencia interna ya permite ver por dónde va la cosa. Ahí aparecen Javier Borrego, Jonathan Ávalos, Luis Sierra y Aída Mata. Borrego parte desde la diputación que actualmente ocupa y quiere prolongar su “beca federal” en San Lázaro; Ávalos carga experiencia como exalcalde de Francisco I. Madero; Sierra representa una generación más joven y Mata trae experiencia dentro de programas federales. Los registros se concentraron precisamente dentro de esa ventana del 1 al 4 de octubre, y el 5 de octubre ya habían trascendido públicamente los cuatro nombres vinculados al proceso del Distrito 02; en el caso de Mata, su registro fue reportado inicialmente de manera extraoficial. La fotografía tiene algo de reunión familiar previa al testamento: todos sonríen, todos hablan de unidad y nadie deja de mirar quién se va a quedar con el terreno.
Pero donde la grilla adquiere auténtico sabor lagunero es en Torreón, dividido federalmente en los distritos 05 y 06, dos territorios con condiciones políticas distintas. El 05 está hoy en manos del panista “Memo” Anaya, mientras que el 06 es representado por la morenista Cintia Cuevas. Para Morena, el 05 significa expansión: una posición que hoy no controla. El 06 significa conservación: territorio que ya ganó y que no tendría lógica regalar. Y, sin demeritar a Cintia, tampoco hay que olvidar que durante aquella elección circularon versiones dentro de la propia grilla morenista sobre operadores ligados al grupo de Pepe Ganem y a estructuras provenientes del priismo de Román Cepeda que habrían jugado a favor de ella y en contra de Hugo Dávila. Hasta ahora, esas versiones no deben venderse como hechos comprobados; pero en política lagunera hasta los apoyos suelen venir con doble fondo.
Y justamente ahí comienzan los movimientos interesantes. En el Distrito 05, quien ya hizo público su registro es Mario Lozoya Jr. Su vínculo político con Shamir Fernández no es una ocurrencia: Lozoya formó parte de la planilla con la que Shamir compitió por la Alcaldía de Torreón en 2024 y quedó como primer regidor. Es decir, su registro también puede leerse como un movimiento del grupo shamirista dentro de Morena. Y ahí surge una pregunta inevitable: si Cuevas decide finalmente buscar el 05, ¿tendría enfrente a un perfil impulsado desde otra corriente del mismo movimiento? Por ahora no sabemos si Cintia se registró ni si hará público un eventual registro; siguen circulando versiones sobre una posible ruta hacia el 05 y también sobre la Alcaldía de Torreón. No vaya a quedarse como el perro de las dos tortas: con la alcaldía en una mano, la diputación en la otra y ninguna servida al final.
Y entonces aparece el beneficiario potencial sentado enfrente: el PRI. No porque una división de Morena y PT garantice automáticamente una victoria priista, sino porque separar votos de fuerzas que normalmente compiten juntas puede modificar elecciones cerradas. Morena y PT pueden discutir quién controla qué candidatura; el problema comienza cuando esa discusión termina convirtiéndose en dos boletas distintas. La 4T podría ganar espacios internos y perder cohesión electoral. A veces el mejor operador de la oposición ni siquiera trabaja para la oposición.
Todavía falta la siguiente estación: las coordinaciones municipales rumbo a las alcaldías de 2027. Ahí se despejará buena parte de la niebla en Torreón. Veremos quién realmente quiere la Alcaldía, quién busca una diputación como plan B y quién llevaba meses diciendo “no son los tiempos” mientras ya tenía lista la CURP, la fotografía, el equipo y hasta la campaña armada en Canva.
Por eso los distritos 05 y 06 de Torreón ya son algo más que dos candidaturas federales. Ahí se cruzan Cintia Cuevas, Mario Lozoya, José Ángel Pérez, Shamir Fernández, las corrientes de Luis Fernando Salazar y Antonio Attolini, el peso del mejianismo y una negociación con el PT que cada día parece menos decorativa.
Morena habla de transformación. El PT recuerda que sabe competir solo. El Verde hará sus propias cuentas y el PRI mira desde enfrente cómo sus adversarios empiezan a repartir las sillas antes de saber cuántas habrá. Y ellos mismos, los priistas, también siguen esperando cómo terminarán sus propias alianzas con el PAN para saber con qué uniforme saldrán a la cancha.
Porque en política mexicana la unidad suele ser muy sólida.
Hasta que empiezan a repartir candidaturas.
PREGUNTAS OFICIOSAS

¿Y cuántos más son del Club de los Huleros?
No nos asustemos ni hagamos una tormenta en un vaso de agua, porque ya parece “normal” para el ego de algunos políticos salir a presumir que apoyan a la ciudadanía durante una emergencia. El regidor priista Raúl Alejandro Garza no ha sido el único que repartió hules; también lo hicieron Felipe González y Verónica Martínez. Por separado, Gerardo Calvillo, del Partido Verde, difundió la entrega de este material para proteger los techos de familias afectadas. Así que el llamado Club de los Huleros tiene más integrantes de los que inicialmente aparecieron en las críticas. ¿Y cuántos más faltan por conocer? Y no, no estamos defendiendo a nadie, simplemente hay que poner las cosas en contexto: la ciudadanía pide apoyo. Si una familia necesita un hule para evitar que el agua entre a su casa, poco le importa de qué partido venga. Por cierto, entre los aludidos hubo quien salió a comentar: “Compadre, neta, antes entregábamos y nadie decía nada”. Y tiene un punto: antes también se repartían estos apoyos, aunque ahora parece que, si no hay fotografía, video y publicación, la ayuda no cuenta. Lo importante no es quién entrega el hule, sino de dónde sale el recurso, a quién beneficia y qué solución viene después.
Y que nadie crea que este club es exclusivo del PRI o del Verde, porque Morena también salió a repartir hules en Gómez Palacio. Ahí, el secretario del Ayuntamiento, Aldo Damián Macías, fue señalado en publicaciones ciudadanas por presuntamente tratar de manera déspota a personas que acudieron a recibir el apoyo. Un testimonio anónimo asegura que les exigía apresurarse y dejar de pedir más material. La acusación no está comprobada y corresponde conocer la versión del funcionario, especialmente porque otros ciudadanos salieron a defenderlo. Pero el episodio abre una discusión necesaria: entregar ayuda no convierte al beneficiario en deudor de gratitud. Hay familias que reciben estos materiales porque realmente los necesitan, no porque disfruten formarse para que les regalen un plástico. Tampoco todos los servidores públicos actúan igual ni todas las entregas son actos de protagonismo. Ayudar es parte de la responsabilidad pública; hacerlo con respeto también. Y, por cierto, si seguimos encontrando políticos repartiendo hules, al paso que vamos, el club tendrá más socios que soluciones de drenaje.
La verdadera pregunta oficiosa no debería ser quién repartió más hules ni quién salió mejor en la fotografía, sino por qué seguimos necesitando estas soluciones provisionales cada vez que llueve. En Torreón y Gómez Palacio hay colonias donde el drenaje, la pavimentación y las condiciones de vivienda siguen siendo problemas pendientes. No se trata de desacreditar una ayuda que la propia ciudadanía solicita, mucho menos de defender a determinado regidor, diputado o funcionario. Se trata de distinguir entre atender una emergencia y resolver aquello que la provoca. También sería interesante conocer cuántos políticos pusieron dinero de su bolsillo, cuántos utilizaron recursos públicos y cuántos simplemente aprovecharon la fotografía. Porque repartir hules puede aliviar una necesidad inmediata, pero ninguna familia debería resignarse a vivir bajo uno. Así que bienvenidos al Club de los Huleros, donde sobran las fotografías y todavía faltan respuestas. La pregunta es sencilla: cuando termine la temporada de lluvias y desaparezcan las cámaras, ¿cuántos de sus integrantes regresarán a esas colonias para atender el problema de fondo?

¿De los pepinos al ChatGPT y ahora unanueva zarina de cultura?
En la Secretaría de Cultura de Coahuila, encabezada por Leticia Rodarte, la inteligencia artificial llegó antes que la comprensión lectora. La cuenta oficial @culturacoahuila publicó una invitación para la Gala de Leyendas con una joyita del copiar y pegar: “Te lo dejaría más elegante y cultural, con un cierre que invite al evento”. Porque usar ChatGPT es moderno, pero publicar sin leer ya parece tradición institucional. Nos falta cultura de inteligencia artificial y comprensión lectora, y me incluyo. Entre periodistas, funcionarios y becarios hemos adquirido la mala costumbre de confiar más en el botón de publicar que en nuestro propio criterio.
Lo curioso es que Cultura de Coahuila ya tenía antecedentes. En 2024, la entonces secretaria Esther Quintana Salinas compartió una publicación sobre las propiedades del pepino que escondía un albur sexual. Aquella vez fueron los pepinos; ahora, las instrucciones de ChatGPT. Por cierto, con el arribo de Rodarte, procedente del Instituto Municipal de Cultura de Saltillo, también terminó el prolongado reinado de la lagunera Lilia Rabiela García, quien estuvo al frente de la comunicación de Cultura durante casi tres sexenios —dirían algunos, con licencia poética—. Cambian las secretarias, termina el reinado de Lilia, pero los errores de comunicación sobreviven. Al parecer, el patrimonio cultural mejor conservado es el descuido editorial.
Y hablando de reinados, ¿Leticia Rodarte se siente la nueva zarina de la cultura coahuilense? Porque nos cuentan que convoca a directores de Cultura de distintos municipios a reuniones virtuales, pero ella ni siquiera aparece por Zoom. Habrá que conocer las convocatorias y escuchar a los participantes, porque una cosa es coordinar la política cultural del estado y otra dejar esperando a quienes deben ejecutarla en los municipios. ¿Será cuestión de agenda, de protocolo o de que la cultura también necesita audiencia para recibir a Su Majestad? Mientras tanto, entre pepinos, poco presupuesto, relevos y copiar y pegar, queda una lección sencilla: antes de presumir inteligencia artificial, hay que ejercitar la propia. Y antes de convocar a todo Coahuila, por lo menos hay que conectarse.
