
Las grietas culturales que Riquelme ya comenzó a revisar

En esta etapa de cambios dentro del Ayuntamiento de Torreón, algunos levantan la mano para entrar y otros procuran no hacer ruido para evitar la salida. Ahí está Marcelo “Kiko” Sánchez Adame, director de Medio Ambiente, quien parece haberse refugiado bajo la sombra para que tampoco talen su silla de la nómina municipal.
Sin embargo, empleados y voces relacionadas con el sector cultural piden que los reflectores giren hacia el Instituto Municipal de Cultura y Educación. Ahí despacha desde hace más de cuatro años Antonio Méndez Vigatá, un titular con mayor perfil de arquitecto que de operador político, quien enfrenta diferencias internas, proyectos bajo revisión y un alcalde dispuesto a revisar hasta los cimientos.
La Santiago Ramírez no nació para adornar boletines
El Proyecto de Música de la Santiago Ramírez no es una ocurrencia reciente ni un taller diseñado para llenar la agenda cultural del mes. Nació en 2014, durante la primera administración de Miguel Ángel Riquelme como alcalde, dentro del Programa Nacional para la Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia.
Su propósito era claro: utilizar la música para alejar a niñas, niños y jóvenes de entornos marcados por la violencia, la pobreza y la falta de oportunidades.
La entonces llamada Casa de la Música comenzó atendiendo a 91 participantes, de entre seis y 22 años, provenientes de cuatro colonias del polígono dos de Torreón. Recibían formación coral e instrumental, principalmente en alientos y percusiones, además de disciplina, trabajo en equipo, autoestima y convivencia comunitaria.
No era cultura para la fotografía
El proyecto alcanzó uno de sus momentos más importantes cuando su banda y coro participaron en el concierto “Unidos todos por la Paz”, en el Palacio de Bellas Artes. También se presentaron en festivales de Zacatecas, Jalisco y distintos escenarios de La Laguna.
Que niñas y niños de la Santiago Ramírez llegaran a Bellas Artes no fue un detalle menor. Fue la demostración de que una política cultural bien dirigida
Sin embargo, empleados y voces relacionadas con el sector cultural piden que los reflectores giren hacia el Instituto Municipal de Cultura y Educación. Ahí despacha desde hace más de cuatro años Antonio Méndez Vigatá, un titular con mayor perfil de arquitecto que de operador político, quien enfrenta diferencias internas, proyectos bajo revisión y un alcalde dispuesto a revisar hasta los cimientos.
Porque en esta administración nadie tiene garantizada la permanencia: unos quieren ser vistos para entrar; otros ruegan que Miguel Ángel Riquelme Solís no voltee hacia su oficina. Y en Cultura, al parecer, ya encendieron las luces.
La Santiago Ramírez no nació para adornar boletines
El Proyecto de Música de la Santiago Ramírez no es una ocurrencia reciente ni un taller diseñado para llenar la agenda mensual del IMCE. Nació en 2014, durante la primera administración de Miguel Ángel Riquelme como alcalde, dentro del Programa Nacional para la Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia.
Su propósito era utilizar la música para alejar a niñas, niños y jóvenes de entornos marcados por la violencia, la pobreza y la falta de oportunidades.
La entonces llamada Casa de la Música comenzó atendiendo a 91 participantes de entre seis y 22 años, provenientes de cuatro colonias del polígono dos de Torreón. Recibían formación coral e instrumental, además de disciplina, trabajo en equipo, autoestima y convivencia comunitaria.
La comparación con la Escuela Municipal de Danza Contemporánea resulta inevitable.
Danza opera con un presupuesto anual de 2 millones 350 mil pesos, 23 alumnos y 22 maestros. Durante sus 13 años de existencia ha titulado a 32 jóvenes: un promedio simple de 2.5 egresados por año.
La información fue publicada por Entretodos, medio que también documentó las diferencias entre Méndez Vigatá y Jaime Hinojosa Villagómez, director del plantel.
Méndez propuso no recibir una nueva generación durante el ciclo 2026-2027, bajo el argumento de actualizar el programa académico. Hinojosa respondió que la escuela sí abrirá sus puertas a los 17 jóvenes que aprobaron el proceso de admisión.
Dos directores, dos instrucciones y una sola escuela. Eso ya no es danza contemporánea: es una coreografía de poder.
La paradoja está en las cifras: mientras Danza reporta 23 estudiantes atendidos por 22 maestros, el Proyecto de Música de la Santiago Ramírez llegó a trabajar con entre 57 y 70 menores y una planta de seis docentes. En sus primeros años reunió a más de 90 participantes.
La comparación no pretende enfrentar disciplinas. La danza merece respaldo, pero también rendición de cuentas. Lo difícil de explicar es que se haya cuestionado la viabilidad de un proyecto comunitario con mayor número de beneficiarios, mientras otro programa funciona prácticamente con un maestro por alumno.
Si los criterios del IMCE serán matrícula, presupuesto e impacto social, la calculadora debe funcionar igual para todos. Porque en Cultura algunos proyectos deben justificar hasta la última silla, mientras otros parecen contar con butaca reservada.
Vacaciones, pero también abandono
En plena temporada vacacional, cuando los museos deberían convertirse en una de las principales alternativas para familias y visitantes, las quejas recibidas por esta columna han sido constantes.
Visitantes señalan centros culturales descuidados, falta de orientación y recorridos por museos municipales sin el acompañamiento de guías. Algunos aseguran haber entrado, recorrido las instalaciones y salido sin recibir explicación alguna sobre las piezas, edificios o episodios históricos exhibidos.
La repetición de las inconformidades impide tratarlas como un caso aislado.
Un museo sin guía, sin atención y sin una narrativa que explique su patrimonio termina convertido en una bodega. Tener las puertas abiertas no basta si nadie recibe, orienta o cuenta la historia.
El IMCE puede presumir cifras de asistencia, pero también tendría que explicar cuántos visitantes recibieron una verdadera experiencia cultural y cuántos sólo fueron contabilizados al cruzar la puerta.
Lo que Riquelme encontró en La Jabonera
Miguel Ángel Riquelme también recorrió la Línea Verde y el Centro Cultural y Deportivo La Jabonera, proyectos que él impulsó. Oficialmente, la visita tuvo como propósito evaluar instalaciones y definir mejoras en alumbrado, limpieza y mantenimiento.
Fuentes cercanas al recorrido aseguran que al alcalde no le gustaron las condiciones que encontró. La versión oficial no utiliza esas palabras, pero cuando un presidente municipal llega, revisa y ordena corregir limpieza, iluminación y mantenimiento, difícilmente se trata de una visita de felicitación.
Políticamente, fue una inspección de lo recibido.
Mario Alberto Acosta Landeros aparece como encargado del Centro Cultural La Jabonera. Dentro del Ayuntamiento circula la versión de que habría llegado por recomendación del novel karateca regidor Diego Ontiveros Rentería, presidente de la Comisión de Educación, Arte y Cultura e hijo de Flor Rentería Medina.
Pero la cercanía señalada alimenta otra pregunta: ¿los espacios culturales son administrados por perfiles evaluados o continúan funcionando como lugares para acomodar recomendaciones?
El rumor que inquieta al IMCE
Para rematar, en Torreón corre una versión todavía más delicada: que la administración de Riquelme ya no invertiría más recursos en el Centro Cultural del Norte, la obra cultural más ambiciosa impulsada por el fallecido alcalde Román Alberto Cepeda González, pero una obra comparada con el Metrobús.
No existe un anuncio oficial de cancelación. Lo confirmado es que la segunda etapa quedó sujeta a la valoración de Riquelme. El inmueble registraba un avance de 25 por ciento; para la primera fase se programaron 29 millones de pesos y el proyecto completo requeriría alrededor de 90 millones.
Es decir, el rumor todavía no puede presentarse como una decisión tomada, pero tampoco surgió de la nada. La continuidad del proyecto depende expresamente de la evaluación del alcalde, quien tiene otras urgencias: agua, drenaje, mantenimiento e infraestructura básica.
En lenguaje gubernamental, “sujeto a valoración” significa que la obra todavía respira, pero ya no puede hacer planes para el fin de semana.
Fuentes internas describen a Méndez Vigatá intranquilo y aseguran que varios empleados de confianza también temen por su permanencia. Incluso se señala que algunos ya habrían sido dados de baja.
Pero la preocupación resulta comprensible: si Riquelme revisa centros culturales, encuentra deficiencias, recibe quejas sobre museos y mantiene bajo evaluación la obra emblemática del instituto, la arquitectura política del arquitecto Méndez comienza a mostrar grietas.
Después de más de cuatro años al frente del IMCE, el funcionario deberá demostrar no sólo que sabe proyectar edificios, sino que puede defender resultados, explicar presupuestos, ordenar equipos y conservar proyectos con verdadero impacto social.
La cultura no puede administrarse únicamente con boletines, festivales y fotografías. Tampoco debe convertirse en refugio de funcionarios ni en sala de espera para recomendados.
Y si alguien todavía duda del valor de la Santiago Ramírez, que recuerde esto: sus niñas y niños no sólo aprendieron música. Salieron de un polígono de violencia y llegaron al Palacio de Bellas Artes.
No todos los programas municipales pueden presumir una historia semejante.

¿Premio electoral, acuerdo entre grupos o jugada de Saltillo?
Vaya sorpresa causó el nombramiento de Javier Armendáriz Reyes Retana como director registrador de la Oficina del Registro Público en Torreón y San Pedro. El acto fue formal: Óscar Pimentel entregó el documento, hubo carta membretada y fotografía oficial; no fue una selfie de pasillo convertida en nombramiento. Tampoco se trata de administrar archiveros: esa oficina tramita y autoriza inscripciones sobre propiedades, compraventas, hipotecas, gravámenes, embargos y cancelaciones. En castellano y sin sello oficial: ahí consta de quién es una casa, cuánto debe y qué muerto jurídico arrastra la escritura. Es una silla con más metros cuadrados de poder de los que aparenta.
El expediente político también tiene varios sellos: Armendáriz fue coordinador operativo de la campaña federal de Hugo Dávila en 2024 y Verónica Martínez lo presentó durante la elección reciente como coordinador de sector en el Distrito 9, no como coordinador general. Versiones internas lo acercan, además, a Felipe González y a operadores de Saltillo, pero no existe prueba pública de que alguno haya gestionado su llegada. En política nadie reconoce al hijo cuando trae problemas; pero cuando nace con nombramiento, oficina y nómina, aparecen más padres que testigos en una escritura.
Miguel Ángel Riquelme conoce bien su trayectoria: en 2018 lo nombró presidente de la Junta Local de Conciliación y Arbitraje de Torreón. La Junta no desapareció de golpe, pero desde octubre de 2022 dejó de recibir asuntos nuevos y quedó resolviendo expedientes anteriores; su vela institucional ya estaba consumiéndose. Armendáriz no cayó en el panteón burocrático: cayó blandito, sobre el colchón inmobiliario del Registro Público. La oficina certifica propietarios; el nombramiento, en cambio, tiene más presuntos dueños que una casa intestada. Al menos esta vez sí hubo documento oficial: falta saber quién terminará escriturándose políticamente el mérito.
