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Editoriales de opinión de
Iván P. Corpus-Lozoya

Estas Fiestas Patrias fueron distintas en Torreón. Mientras abajo Alfredo Olivas cantaba frente a una Plaza Mayor abarrotada y el cielo se llenaba de cohetes, arriba la política tenía su propia celebración: funcionarios, legisladores, invitados, parejas, abrazos y fotografías. Miguel Ángel Riquelme Solís volvió a dar el Grito como alcalde después de haber sido gobernador y senador, ante una asistencia estimada oficialmente en 110 mil personas. En el balcón aparecieron también tres legisladoras priistas: Verónica Martínez, Ximena Villarreal Blake y Olivia Martínez Leyva. En la grilla, alguno hasta las confundió con las “Chicas Superpoderosas”; a Ximena, por su atuendo, también la compararon con Campanita. Abajo hubo una Zona VIP con Causa, pero insuficiente para acceder a la parte superior, donde se ofreció la cena para los invitados, esta vez bastante más sencilla que en años recientes: pozole, asado, tostadas y tamales. Menos glamour, más maíz patrio. También cambió el sello de la producción social: atrás quedó Javier Breddé, productor conocido en la ciudad y sobrino de la presidenta honoraria del DIF, y en esta edición apareció Omar Coyoli, otro nombre reconocido en la organización de eventos laguneros. Pero entre tamal y tostada había otra cosa sobre la mesa: “¿quién sigue?”.
Hasta hace unos días aquella pregunta era prácticamente una quiniela burocrática: quién entregaría oficina, quién perdería nombramiento y quién dejaría de aparecer en las fotografías oficiales. Uno de los movimientos de Riquelme fue desaparecer la Jefatura de Gabinete que encabezaba Ariel Martínez Mendoza para sustituirla por una Secretaría Técnica. Ariel, sin embargo, decidió hacerse visible durante el Grito mediante un reposteo: una fotografía junto a su esposa, con la Presidencia Municipal iluminada y los fuegos artificiales detrás. Su sonrisa pequeña, cerrada, casi de Mona Lisa, hizo el resto. Una imagen no permite establecer desafío, tranquilidad o nerviosismo, pero la política vive también de símbolos y tiempos. Ariel pudo simplemente compartir una buena fotografía matrimonial, pero sabía que venía de perder una oficina central dentro del antiguo esquema municipal y que cualquier aparición generaría lecturas. No por nada decidió repostearla. Sin escribir una sola palabra, la imagen podía interpretarse como un discreto: “pese a todo, aquí sigo”.
Hubo incluso quienes llevaron la lectura un poco más lejos. Para algunos, aquella fotografía parecía decir algo parecido a “nosotros estamos aquí… ¿y ustedes?”, inevitablemente en referencia al nuevo escenario abierto después de las detenciones de quienes durante años fueron sus compañeros dentro del grupo cepedista. Ahí comienza, por supuesto, la especulación política y no la afirmación periodística. Ariel compartió estructura de gobierno con José Elías “Pepe” Ganem Guerrero y Martha Esther Rodríguez Romero, pero también existieron diferencias internas durante aquella etapa. Según versiones que circularon dentro de ese mismo grupo, las tensiones llegaron al grado de utilizar contra Ariel el apodo de “Judas” en conversaciones políticas hacia Saltillo. Eso no demuestra nada sobre los expedientes actuales ni convierte una sonrisa en mensaje cifrado; simplemente ayuda a entender por qué una fotografía aparentemente inocente provocó tantas interpretaciones. La política tiene memoria selectiva, pero también una extraordinaria capacidad para encontrar mensajes donde quizá solamente había una selfie.
La fiesta dejó además otra radiografía del nuevo orden municipal. No todos los funcionarios convocados para el desfile del 16 de septiembre habían sido invitados al festejo de la noche anterior, y eso provocó inconformidad. Fuentes municipales confiaron a esta columna que hubo quienes sintieron la exclusión como una señal política. Uno de ellos lo resumió sin demasiado protocolo: para la fiesta no eran requeridos, pero al día siguiente sí querían que fueran a “rellenar las sillas” del desfile. Incluso hubo quien comentó que mejor no acudiría y quien cuestionó por qué determinadas funcionarias sí habían tenido asiento durante los actos. No puede asegurarse que quienes amagaron con faltar finalmente lo hayan hecho, pero el descontento existió. Y ahí aparece otra versión del “¿quién sigue?”: ya no solamente quién perderá el puesto, sino quién continúa dentro del círculo, quién comienza a quedarse afuera y quién recibe invitación para cenar mientras a otros únicamente les llega convocatoria para formar parte del escenario institucional.
Hace apenas unos días “¿quién sigue?” quería decir quién abandonaría Plaza Mayor. Después de las detenciones federales de Ganem y Rodríguez Romero, la frase adquirió un significado bastante más incómodo: qué sigue en las investigaciones y qué nombres podrían aparecer mencionados sin que eso, por sí mismo, convierta a nadie en responsable de delito alguno. Mientras unos funcionarios están molestos porque no encontraron silla en la cena, otros observan hacia los expedientes y los teléfonos asegurados por las autoridades. Son planos distintos y sería irresponsable mezclarlos. Pero juntos explican el ambiente que hoy se respira en la política torreonense: unos están entrando, otros saliendo, algunos intentando averiguar si todavía pertenecen al círculo y otros prefieren simplemente dejarse ver. En medio de todo aparece nuevamente Ariel con aquella sonrisa difícil de traducir. Él ya atravesó el primer significado del “quién sigue”: perdió la Jefatura de Gabinete. Sin embargo, decidió mostrarse, repostear la fotografía y permitir que cada quien sacara sus conclusiones. Unos preguntan quién será el siguiente en irse; otros, quién puede aparecer en los expedientes. Ariel, por ahora, parece contestar desde su Mona Lisa lagunera: “aquí sigo”.
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PREGUNTA OFICIOSA

¿Quiénes aparecerán en los teléfonos y las cámaras de Pepe Ganem?
Los nueve celulares asegurados durante los cateos federales relacionados con José Elías “Pepe” Ganem Guerrero tienen inquieta a más de una sobremesa política, aunque conviene no convertir una agenda telefónica en lista de indiciados. Ganem fue secretario del Ayuntamiento y tuvo trato institucional con prácticamente todo el Cabildo: por Morena, Gabriel Francisco Pedro, Zazil Pacheco Pérez, Ariana Neiroli Cervantes Zamarrón y María Fernanda González Aponte; por el PT, Luis Alberto Ortiz Zorrilla; por el PAN, Sergio Lara Galván, además de la síndica de minoría María del Socorro Aguilar Pérez, llegada por la coalición Morena-PT. Todos aparecen oficialmente como integrantes del Ayuntamiento 2025-2027 y coincidieron con Ganem mientras éste ocupaba la Secretaría. También estuvo enfrente Luis Fernando Salazar, senador de Morena, quien en junio de 2025 presentó una denuncia contra Román Cepeda, Ganem y el entonces gerente de SIMAS, Roberto Escalante, por presuntos hechos que la Fiscalía estatal confirmó que estaban siendo investigados. Que cualquiera de ellos aparezca en una llamada, mensaje o contacto sería perfectamente explicable por razones políticas o institucionales. El morbo comenzaría después: fechas, asuntos tratados y, sobre todo, si alguna comunicación guarda relación con los hechos que investiga la Federación. Tener el número de Pepe no es delito. A estas alturas, quizá lo políticamente extraño sería no haberlo tenido.
Y todavía queda aquella oficina de la calle Escobedo, que desde septiembre de 2025 ya provocaba preguntas. Entonces se publicó la denuncia de que Ganem, aun fuera de la Secretaría del Ayuntamiento, seguía recibiendo ahí a funcionarios municipales; incluso una columna política de Zócalo habló de una oficina desde donde presuntamente continuaba moviéndose en asuntos del gobierno. Eso fue un señalamiento público, no una conclusión judicial, y hasta ahora no existe una lista oficial de visitantes ni evidencia pública que permita afirmar quién entró, cuántas veces o para qué. Pero si en aquel inmueble había cámaras, registros de acceso o agendas y algún día esos materiales forman parte de una investigación, entonces la pregunta se vuelve bastante menos chismosa: ¿quiénes fueron realmente a ver a Ganem después de que dejó el cargo? Funcionarios del viejo equipo, regidores de oposición, empresarios, operadores políticos o simples conocidos pueden haber tenido motivos perfectamente legales para reunirse con él. Una visita no prueba nada. Pero en política hay fotografías que se presumen durante años y visitas que, cuando cambia el clima, de pronto nadie recuerda haber hecho.
Por eso el verdadero interés de los celulares y de cualquier eventual registro de Escobedo no está en hacer una cacería de nombres. Está en reconstruir relaciones. Ganem hablaba con priistas, morenistas, panistas, petistas, funcionarios estatales, empresarios y proveedores porque ése era precisamente su trabajo político. Si aparecen nombres de Zazil Pacheco, Ariana Cervantes, María Fernanda González, Gabriel Francisco Pedro, Sergio Lara, Luis Ortiz, Socorro Aguilar, Luis Fernando Salazar o cualquier otro actor de oposición, eso por sí solo no demostraría absolutamente nada irregular. La historia cambiaría únicamente si una comunicación coincidiera con dinero, instrucciones, contratos o hechos investigados. Hasta entonces son contactos. Lo divertido —si uno acepta el humor negro de la política mexicana— será observar cuántos antiguos interlocutores comienzan a sufrir esa enfermedad que aparece después de los cateos: amnesia selectiva con pérdida repentina de confianza y dificultad para reconocer números conocidos. Los teléfonos, por desgracia para los pacientes, todavía no han aprendido a olvidar por disciplina partidista.
