«HAY MÁS PANISTAS EN EL AYUNTAMIENTO DE TORREÓN QUE EN EL PROPIO PAN»

En Torreón está ocurriendo algo que ni los panistas más optimistas habrían imaginado: mientras Acción Nacional pierde votos, y hasta registros estatales como en Coahuila, militantes y presencia política, varios de sus antiguos cuadros encuentran acomodo en el Ayuntamiento priista de Torreón. No es que Miguel Ángel Riquelme Solís haya cambiado de partido; más bien parece que decidió abrir una sucursal de extrabajadores del blanquiazul en la Presidencia Municipal. Y cuidado, porque todavía podrían llegar más. A este paso, el único regidor del PAN, Sergio Lara, dirigente municipal del PAN, tendrá que revisar si le quedan más cuadros políticos en el comité o trabajando para el gobierno.

Los números explican parte de la tragedia azul. En enero de 2026, el PAN registraba 1,027 militantes en Torreón y 3,976 en Coahuila. Una militancia reducida que tampoco logró traducirse en resultados electorales durante junio. No significa que haya más panistas afiliados en el Ayuntamiento que en el partido, pero sí que varios de sus antiguos dirigentes encontraron mejores oportunidades políticas fuera de Acción Nacional.

Luis Alberto Mendoza Balderas es el ejemplo reciente. Apenas el 30 de octubre dejó la Subsecretaría del Ayuntamiento para hacerse cargo de Plazas y Mercados. Mendoza fue diputado local panista durante la legislatura 2006-2008, cuando compartió curul con los priistas Miguel Ángel Riquelme Solís y Román Cepeda González. Desde entonces nació una relación que sobrevivió a los colores partidistas. En aquella legislatura también estuvieron José Ignacio “Pepe” Máynez y Luis Gurza Jaidar, integrantes de aquella generación blanquiazul. Los años pasaron, los partidos cambiaron de suerte, pero las amistades siguieron cobrando intereses políticos.

Y hablando de “Pepe” Máynez, otro expanista de corazón azul que lleva quince años navegando en aguas tricolores. En 2011 abandonó Acción Nacional, rindió protesta como priista y encontró su primera oficina en el gobierno municipal de Eduardo Olmos Castro, quien lo nombró director de Atención Ciudadana. Después, durante la primera administración de Miguel Ángel Riquelme Solís, fue secretario técnico y, en diciembre de 2016, secretario del Ayuntamiento con Jorge Luis Morán. En noviembre de 2017 llegó al Poder Judicial como magistrado y, desde el pasado julio, es director de Urbanismo, nuevamente por invitación de Riquelme. De regidor y diputado panista a funcionario priista, magistrado y otra vez director municipal.

A la lista se suman José Armando González Murillo, “Lumba”, expresidente municipal del PAN y actual responsable de Prevención Social. Su permanencia sigue en veremos, pues llegó desde los tiempos cepedistas, aunque sin muchos vínculos con ese grupo. Luego, tras el escándalo de los Ganem-Rodríguez, llegó Carlos de Lara McGrath, magistrado en retiro de trayectoria blanquiazul, quien desde septiembre encabeza el Centro de Justicia Municipal. Todos con historias políticas distintas, pero con algo en común: su pasado panista y su presencia en el gobierno municipal. En Torreón, los partidos pueden perder militantes, pero las relaciones políticas parecen conservar una notable estabilidad laboral.

La cosecha podría continuar con exfuncionarios estatales de Riquelme que dejó como herencia a Manolo, como Luis Gurza y Fernando Simón Gutiérrez Pérez, “El Gutis”, otros dos personajes surgidos del entorno panista que terminaron incorporados al aparato estatal. Gurza figura como administrador general de Recaudación de Coahuila. Ambos fueron parte del círculo político cercano a Guillermo Anaya antes de tomar caminos diferentes. ¿Y si Riquelme decide integrarlos al Ayuntamiento? ¿Cuántos antiguos panistas más caben en el gabinete municipal?

Pero el verdadero peligro para Acción Nacional podría aparecer rumbo a 2027, cuando se renueven las diputaciones federales. Si el PAN y el PRI no consiguen reeditar su alianza federal, la disputa por el Distrito 05 de Torreón abriría otro capítulo, como el que hoy protagonizan “Memo” Anaya Llamas y Gerardo Aguado, “Quillo”, dentro del propio blanquiazul. Anaya, actual diputado federal, ganó en 2024 bajo la coalición PRI-PAN-PRD. Sin ese acuerdo, los antiguos aliados podrían terminar enfrentándose en las urnas. Y aquí viene la pregunta venenosa: ¿sería capaz Riquelme de ofrecerle una chamba a Quillo, o incluso al propio Memo Anaya, para dejarle el camino libre al PRI en el Distrito 05? En la política lagunera las amistades suelen durar más que las alianzas electorales. Y si el PRI pretende recuperar ese distrito sin compartir candidatura, cualquier división entre los panistas podría convertirse en una pieza.

También hay movimientos generacionales. Tras la salida de Luis Alberto Mendoza Balderas de la Subsecretaría del Ayuntamiento, una fuente consultada por Al Café Político sostiene que Ricardo, un joven abogado relacionado con el grupo político de Jesús “Chuy” Sotomayor, quedó como subsecretario interino mientras se define el nombramiento formal. Y hasta de Angelina García Ruenes y su corazón con simpatías blanquiazules, desde su paso por la administración de Jorge Zermeño, pese a sus vínculos familiares con el priismo. Porque tener el corazón azul no significa necesariamente contar con credencial del PAN.

Si Riquelme continúa incorporando antiguos blanquiazules, quizá Sergio Lara termine encontrando a más compañeros y excompañeros en los pasillos de la Presidencia Municipal que en las oficinas panistas de la Comonfort. Porque una cosa es perder votos, otra perder militantes y una muy distinta quedarse sin cuadros políticos para competir. A este paso, el PAN conservará las siglas, el PRI se quedará con sus antiguos protagonistas y Riquelme terminará inaugurando una ventanilla de Atención Ciudadana para expanistas desempleados. Eso sí, con un requisito indispensable: disponibilidad para cambiar de oficina sin necesidad de cambiar de amigos.

PREGUNTA OFICIOSA

¿QUÉ LLEVARÍAN LOS POLÍTICOS LAGUNEROS EN SU MOCHILA DE SUPERVIVENCIA?

Si mañana llegara el apocalipsis político a La Laguna y cada gobernante tuviera que preparar su mochila de supervivencia, Miguel Ángel Riquelme Solís seguramente guardaría una libreta con nombres de funcionarios, un teléfono con línea directa a Saltillo, un juego de llaves del séptimo piso de la Presidencia Municipal de Torreón y unas tijeras para recortar el organigrama. Tampoco faltarían un calendario con el 2027 marcado en rojo, varias veladoras para que los astros políticos se alineen y una calculadora para contar aliados, adversarios y pendientes. Por aquello de las emergencias, también llevaría un directorio de operadores territoriales y un extintor para apagar los incendios políticos que pudieran surgir dentro del Ayuntamiento. Porque una cosa es sobrevivir a una emergencia y otra muy distinta llegar al siguiente proceso político sin estructura, operadores ni suficientes veladoras encendidas.

En territorio duranguense, Betzabé Martínez Arango cargaría unas botas fáciles de lavar para caminar entre los drenajes colapsados de Gómez Palacio sin perder el estilo, un manual para convertir una crisis de aguas negras en una oportunidad de comunicación y un calendario con el 2028 señalado en letras grandes. También llevaría una brújula que siempre apuntaría hacia la capital duranguense, una estampita de Aleco Irarragorri para que le ayude en sus causas de limpieza de imagen y un cargador portátil para que nunca se apague la transmisión en vivo. Susy Torrecillas, por su parte, necesitaría una mochila más grande: una motosierra de juguete para recordar la polémica por los árboles del Parque Forestal Las Auras, un expediente de Fermachem para responder las preguntas ambientales, una calculadora para revisar los cerca de 30 millones de pesos cuestionados por la compra de camiones recolectores de basura y un paraguas para protegerse de los señalamientos de la oposición. Tampoco podría faltar una fotografía de Homero Martínez, su esposo, para ver si le alcanza alguna candidatura, aunque sea de jefe de colonia. Eso sí, ambas cargarían suficientes baterías: en política, quedarse sin reflectores puede resultar más incómodo que quedarse sin señal.

Y si hablamos del gobernador Manolo Jiménez Salinas, su mochila tendría unos tenis de gira, una gorra de Coahuila, un mapa con los 38 municipios, un teléfono para atender alcaldes y una agenda que, entre compromisos y recorridos, tendría una página especialmente reservada para el 2030, además de varias fotografías de Alito Moreno para ponerlas en el congelador, junto a Rubén Moreira y su clan. Tampoco faltarían una brújula con dirección a la Ciudad de México, una lista de contactos nacionales y varias veladoras para que el futuro político no se le complique. Pero aquí viene la verdadera PREGUNTA OFICIOSA: si el apocalipsis llegara mañana a La Laguna, ¿nuestros gobernantes llevarían agua, alimentos y botiquines para salvar a los ciudadanos o solamente calendarios electorales, asesores de imagen y suficientes reflectores para transmitir en vivo su propia supervivencia? Porque mientras los ciudadanos piensan en sobrevivir al presente, en la grilla hay quienes ya tienen empacadas las aspiraciones del futuro

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